Sucedió en el lugar donde se cruzan los camino, hace ya un tiempo. Por el camino de Ashdale venía un joven dragón, todo verde esmeralda, el color de los dragones del mar. Caminaba tímidamente observando todo a su derredor, cuidando obsesivamente dónde pisaba. Era lógico su andar, recién comenzaba su peregrinación, temeroso y ansioso.
Por el camino de Eladhsa venía una princesa, hermosa y altiva, envuelta en sus finas telas. Su endar era seguro, sus pequeños pies se sucedian sobre la tierra como notas en una sinfonía.
Para aquellos que no lo conocen, el lugar dónde se cruzan los caminos es sumidero de infinitas rutas, todos alguna vez en su vida cruzan por allí, pero es extraño por no decir imposible que vuelvan.
Ningún camino está señalizado y son todos extrañamente iguales, salvo por uno que está precedido por un gran cartel que reza: "ningún lugar". Al fin de dicho camino se encuentran los indecisos, o al menos eso dicen los caminantes. También existe una vieja leyenda que dice que si uno permanece suficiente tiempo en el lugar, los caminos comienzan a verse diferente, pero nadie en su sano juicio permanerecía más tiempo que el que le lleva tomar una azarosa o instintiva decisión.
Tanto el dragón como la princesa se acercaban sin notar la presencia del otro, y fue en un instante fatal, que al unísono se cruzaron sus miradas y sus músculos se congelaron. La princesa pensó en su valiente caballero que siempre la defendía de los dragones, pero como bien dicen las reglas, no la pudo acompañar a éste lugar. Se había despedido de ella hacía ya varios días. Estaba sola frente al dragón.
El dragón no pudo pensar, solo contemplar. Permanecieron inmóviles por varios segundos. Finalmente la princesa exclamó: -Tú no vas al lugar de dónde yo vengo. Sigue tu camino y no te me acerques.
-Cómo puedes asegurar eso? . Replicó el dragón.
-En el lugar del cual vengo yo no hay dragones, sólo princesas y temerosos caballeros.
-Y qué te hace suponer que no vas haciel el lugar del cual vengo yo?
-Nunca iría a un lugar en el cual hay bestias como tu.
-Hacia donde te diriges entonces?
-Hacia.. hacia... . -No lo sabes.
La princesa perdió su mirada altiva y segura, hasta su miedo al dragón desapareció.
-Tienes razón, no sé hacia dónde voy. Dijo y agacho su cabeza.
-No te pongas triste, mira. Dijo sacando de entre sus alas una pequeña flor de 7 pétalos.
-Estas crecen en la tierra donde nací, y acada dragón que llega al mundo se le dá una. Ellas indican el camino cuando lo pierdes. Tómala, es tuya.
-Y tú que harás?. Te perderás sin ella.
-Ya no importa, mi camino no es el tuyo y el tuyo no es el mio. Repuso triste el dragón.
-Pero eso no quita que tomemos el mismo no?
Por el camino de Eladhsa venía una princesa, hermosa y altiva, envuelta en sus finas telas. Su endar era seguro, sus pequeños pies se sucedian sobre la tierra como notas en una sinfonía.
Para aquellos que no lo conocen, el lugar dónde se cruzan los caminos es sumidero de infinitas rutas, todos alguna vez en su vida cruzan por allí, pero es extraño por no decir imposible que vuelvan.
Ningún camino está señalizado y son todos extrañamente iguales, salvo por uno que está precedido por un gran cartel que reza: "ningún lugar". Al fin de dicho camino se encuentran los indecisos, o al menos eso dicen los caminantes. También existe una vieja leyenda que dice que si uno permanece suficiente tiempo en el lugar, los caminos comienzan a verse diferente, pero nadie en su sano juicio permanerecía más tiempo que el que le lleva tomar una azarosa o instintiva decisión.
Tanto el dragón como la princesa se acercaban sin notar la presencia del otro, y fue en un instante fatal, que al unísono se cruzaron sus miradas y sus músculos se congelaron. La princesa pensó en su valiente caballero que siempre la defendía de los dragones, pero como bien dicen las reglas, no la pudo acompañar a éste lugar. Se había despedido de ella hacía ya varios días. Estaba sola frente al dragón.
El dragón no pudo pensar, solo contemplar. Permanecieron inmóviles por varios segundos. Finalmente la princesa exclamó: -Tú no vas al lugar de dónde yo vengo. Sigue tu camino y no te me acerques.
-Cómo puedes asegurar eso? . Replicó el dragón.
-En el lugar del cual vengo yo no hay dragones, sólo princesas y temerosos caballeros.
-Y qué te hace suponer que no vas haciel el lugar del cual vengo yo?
-Nunca iría a un lugar en el cual hay bestias como tu.
-Hacia donde te diriges entonces?
-Hacia.. hacia... . -No lo sabes.
La princesa perdió su mirada altiva y segura, hasta su miedo al dragón desapareció.
-Tienes razón, no sé hacia dónde voy. Dijo y agacho su cabeza.
-No te pongas triste, mira. Dijo sacando de entre sus alas una pequeña flor de 7 pétalos.
-Estas crecen en la tierra donde nací, y acada dragón que llega al mundo se le dá una. Ellas indican el camino cuando lo pierdes. Tómala, es tuya.
-Y tú que harás?. Te perderás sin ella.
-Ya no importa, mi camino no es el tuyo y el tuyo no es el mio. Repuso triste el dragón.
-Pero eso no quita que tomemos el mismo no?
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