Otro día en la oficina, papeles y más papeles. Como extrañaba Vlados aquellas tardes en las cuales podía sentir el viento en su rostro, y alguna que otra estocada en su vieja armadura. Pero todos allí parecían haberlo olvidado, inclusive ella. Vlados a pesar de todo, se negaba a aceptarlo. Si bien no era ley civilizarse... Simplemente si no lo hacías no eras parte del todo. Un todo que había dejado de ser la suma de partes bien diferenciadas y auténticas, para ser simplemente un todo, donde era dificil distinguir si alguna vez sus partes hubieran podido diferenciarse.
El día ya llegaba a su fin. Vlados recogió sus cosas y se aprontó a volver a su hogar. Todavía recordaba su encuentro con Deeza, casual y fugaz, pero esta vez su recuerdo era distinto. Generalmente su recuerdo iba acompañado de un profundo dolor en su pecho, pero esta vez solo parecía ser un sentimiento leve de nostalgia.
Vlados salió de la oficina luego de saludar a la recepcionista y se dirigió a casa. Ya se encontraba cerca cuando vio a lo lejos una figura que se recortaba debajo de la luz de un farol, sentada al borde del camino. Parecía triste. Vlados se acercaba disimuladamente cuando ella levantó su mirada. Esto hizo que se congelara en el lugar. Se sentía avergonzado por un lado por intentar acercarse e intrigado por otro.
-Lo siento... Fue lo único que pudo decir
La noche era oscura, las estrellas habían elegido no brillar. Vlados levantó la mirada y se propuso seguir su camino.
-Espera dijo ella. No te vayas. Con voz dulce.
-Que? yo?
-Si ... tu. Ven siéntate.
Vlados sorprendido, no pudo hacer más que obedecer. El silencio los rodeó a ambos.
-Porque tienes esa cara?
-Que tiene mi cara? contestó Vlados sorprendido.
-Nada, absolutamente nada. Es inexpresiva.
-Pero ..
-Shhh, no hace falta. Tu nunca viniste por aquí. Y yo no te he conocido.
Cuando quiso reparar se encontraba en su cama, a punto de dormirse.
El día ya llegaba a su fin. Vlados recogió sus cosas y se aprontó a volver a su hogar. Todavía recordaba su encuentro con Deeza, casual y fugaz, pero esta vez su recuerdo era distinto. Generalmente su recuerdo iba acompañado de un profundo dolor en su pecho, pero esta vez solo parecía ser un sentimiento leve de nostalgia.
Vlados salió de la oficina luego de saludar a la recepcionista y se dirigió a casa. Ya se encontraba cerca cuando vio a lo lejos una figura que se recortaba debajo de la luz de un farol, sentada al borde del camino. Parecía triste. Vlados se acercaba disimuladamente cuando ella levantó su mirada. Esto hizo que se congelara en el lugar. Se sentía avergonzado por un lado por intentar acercarse e intrigado por otro.
-Lo siento... Fue lo único que pudo decir
La noche era oscura, las estrellas habían elegido no brillar. Vlados levantó la mirada y se propuso seguir su camino.
-Espera dijo ella. No te vayas. Con voz dulce.
-Que? yo?
-Si ... tu. Ven siéntate.
Vlados sorprendido, no pudo hacer más que obedecer. El silencio los rodeó a ambos.
-Porque tienes esa cara?
-Que tiene mi cara? contestó Vlados sorprendido.
-Nada, absolutamente nada. Es inexpresiva.
-Pero ..
-Shhh, no hace falta. Tu nunca viniste por aquí. Y yo no te he conocido.
Cuando quiso reparar se encontraba en su cama, a punto de dormirse.
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