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La tierra del odio eterno

[Algo para empezar a entender...]

Cuando alguien empieza a enumerar todas las cosas características de este país, la República Argentina, seguramente incluiría a los extraordinarios paisajes, la mezcla de regiones selváticas, montañosas, desiertos, mesetas, llanuras, ríos, mares, nieve, playas, médanos, etc.
Bueno, nadie olvidaría la calidez de su gente. Lo bueno que somos en fútbol, basquet, tenis y otros deportes insignificantes (pato, polo, paddle). Las personalidades mundialmente conocidas (sean estas célebres por lo que uds. deseen que lo sean) como: San Martín, Gardel, Fangio, Borges, Cortazar, Sábato, Fontanarrosa, De Vicenzo, Maradona, Perón, y muchisimos más.
Los "frutos" de nuestras fértiles tierras: el asado, las cosechas, viñedos y, como siempre, el dulce de leche. En fin, eso sería lo único bueno que podríamos decir de nosotros (o nuestro país).

Ahora bien, en cuanto a lo malo, no voy a hacer gran clasificación, pero si hay algo que los mismos argentinos creemos es que somos: vivos, mentirosos, haraganes y corruptos.
Pruebas de estas cuestiones, muchas.
Ahora bien, somos, o son, muy pocos los que caracterizan a los hijos del Río de la Plata como personas totalmente antagónicas e impacientes.

Hemos sido desde hace casi dos siglos:

  • Realistas vs Revolucionarios
  • Buenos Aires vs El (mal llamado) Interior
  • Federales vs Unitarios
  • Oligarcas vs Populistas
  • Peronistas vs Radicales
  • Militares vs Pro-Comunistas
  • Democráticos vs Dictadores
  • Menemistas vs Jubilados
  • Menemistas vs Maestros
  • Maestros vs Padres
  • Alumnos vs Alumnos

Y así podría seguir casi eternamente, y eso que obvio muchas peleas de solo 2 o 3 años entre facciones ridículas (algo así como Guido Suller contra Polino).

En definitiva hemos estado siempre en constantes peleas a través de toda una historia. Esto no escapa a nuestra hiper conflictiva actualidad.
Quizás la más reciente es la del campo contra las autoridades nacionales.
Es algo raro, porque siempre dicen que la historia no se repite, que continua, pero parece que en este caso es algo parecido en ciertos aspectos, no todos quizás y eso le da un tinte especial, pero si en algunos.

En la época de la revolución, entre los años 1806 y 1813, el inconveniente era la monopolización ridícula de los elementos y riquezas de exportación por parte de los españoles.

Más adelante, la lucha entre la Aduana porteña y las provincias que no podían comerciar con el extranjero.

Nuevamente federales contra unitarios, por el poder de la Aduana (si, otra vez) o sea, los primeros querían que la aduana sea de uso distribuido entre las provincias y los segundos que todo lo que pasaba debía ser centralizado por la Ciudad de Buenos Aires (salvando otros aspectos que no se discutirán, por ejemplo: Rosas estaba en contra de liberar la aduana y la navegación de los ríos interiores, y era, supuestamente, federal... raro, no?).

La oligarquía porteña que destruyo el pacto de San Nicolás, y así, el primer gobierno constitucional, no solo llevó a la Capital a ser el distrito de la confederación más rico, sino que extermino a indios y aislo y mantuvo cautivos a los gauchos.

Es decir, el campo, las riquezas, la producción agrícola y ganadera como principal motor de las diferencias entre dos países completamente distintos pero exactamente los mismos.
Ya lo dijo Galeano, en "Las Venas Abiertas de América Latina": los países latinoaméricanos sufren y terminan siendo pobres por sus propias riquezas. Lo que la tierra nos dio nuestros dirigentes (ya sean extranjeros o no) lo han convertido en el centro de su poder.

Si, así de paradójico es el país en el que vivimos.
Es más, recuerdan la lista de las cosas buenas y malas de nuestra patria? Bueno, fíjense que lo que más nos enorgullece se convierte, así, como nada, en lo que más nos duele.
Nadie quiere dar su parte, ni llegar a un acuerdo. La intransigencia es cuasi letal y solo arreglaríamos algo si nos coimean. Ejemplos de este tipo de cosas a través de nuestra historia también los hay. Traiciones, mentiras, falta de palabra y honor.

Claro.

Es que me olvide de algo. Los argentinos también somos de más egoístas.

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