Nacen como todos nosotros, sin alas, como criaturas de la tierra. Tienen una familia, amigos, y así crecen. Se desarrollan en un mundo que les es ajeno. Privados de sus anhelos, privados de su hábitat por naturaleza. Su sufrimiento solo es aliviado por el viento. El viento al chocar su rostro los devuelve a aquél lugar en el que nunca han estado pero que les corresponde. Las suaves brisas los transportan, los elevan, los hacen sentirse otra vez hijos del aire.
Su vida es una continua búsqueda de aquello que los devuelva a los cielos, una búsqueda de aquello que les permita surcar el aire como siempre han debido hacerlo.
A algunos les lleva mas tiempo,a otros menos, pero todos terminan desarrollando alas, movidos por el deseo. Sus alas crecen de a poco en algunos casos. En otros, repentinamente rasgan las vestiduras y asoman orgullosas. Sea cual fuere el caso, en el azul del cielo están destinados a vivir, no intentes atarlos, que en la tierra no sobreviven.
Su vida es una continua búsqueda de aquello que los devuelva a los cielos, una búsqueda de aquello que les permita surcar el aire como siempre han debido hacerlo.
A algunos les lleva mas tiempo,a otros menos, pero todos terminan desarrollando alas, movidos por el deseo. Sus alas crecen de a poco en algunos casos. En otros, repentinamente rasgan las vestiduras y asoman orgullosas. Sea cual fuere el caso, en el azul del cielo están destinados a vivir, no intentes atarlos, que en la tierra no sobreviven.
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