Jueves 06:00 horas, el reloj despertaba a Víctor para comenzar su rutina. Llegó a su oficina 06:49; soportó la habitual serie de preguntas de sus colegas: “¿Qué has hecho el día de ayer?”, “¿Por qué luces tan cansado?” o “te ves raro ¿te pasa algo?”Y por qué no alguna que otra broma. No sentía cansancio ni había modificado su miércoles en lo más mínimo, sin embargo improvisó una respuesta para terminar con el fastidio, manifestó que se había quedado hasta tarde el día anterior en la fiesta de un amigo. Al fin y al cabo que diablos les importaba a ellos, nunca nadie hubiera colaborado en algo de serle posible. Aquella respuesta dejó conformes a muchos y lo obligó a devolver alguna otra pregunta con la finalidad de no parecer despreocupado, aunque tampoco a él le importaba un demonio lo que a ellos les pasare.
Se sentó frente a su ordenador y comenzó su día. Había dejado una enorme pila de papeles y los consumidores comenzaron a llegar.
Vio acercársele una cliente, llevaba un vestido azul, estrecho en sus perímetros, botas penetrantes y cartera. Ella se presentó, y él intentó resolver su problema. Quiso retenerla y al mismo tiempo saber de ella; “¿Tienes hijos?” preguntó, ella respondió negativamente.
La miraba caminar mientras se alejaba, su torrente sanguíneo se aceleró y cierto dejo de lujuria infectó sus entrañas. No supo cómo ni porqué, pero ella dio media vuelta y volvió hacia él, sacó de su cartera una pequeña tarjeta y se la colocó en el bolsillo frontal del saco con sonrisa lasciva, luego se marchó.
Su nombre: “Clara”, número de teléfono y dirección, era todo lo que el pequeño papel contenía. ¿Qué buscaba la señora preguntó? un empleado, nada sólo una consulta sin sentido respondió.
Regresaba ya a su casa, y mientras marchaba sintió que su rutina lo atormentaba e intentó variarla. Pensó que cruzar la calle y volver por la vereda opuesta sería suficiente. Se dispuso a cruzar pero Álvaro, el compañero con que siempre volvía caminando, apareció detrás; “¿vas a cruzar?” preguntó extrañado, Víctor no supo que inventar, “quería comprar cigarrillos en aquel negocio”, respondió, aunque jamás había fumado y tampoco quería hacerlo. Álvaro sacó de su bolsillo un cigarro y se lo ofreció, el debió tomarlo, y charlar con su amigo hasta que el camino los dividió. Faltaban sólo
Se sentó en la mesa, Victoria lo esperaba, con preguntas sobre su día, una y otra vez debió responder disimulando lo verdadero. Comía sin apetito, era la rutina, había que comer, por lo menos así lo marcaba el reloj.
Dios es un sujeto perverso se dijo a sí mismo, “cuantas personas no tienen para comer”, “a cuántos otros le sobra… porqué Él permite eso”, a él también le sobran cosas. Se representó la idea de dar algún dinero a quien necesitare o a una entidad benéfica, o tal vez hacer él mismo algo por los demás, pero su corazón se volvió humano… hacía un tiempo, tenía ganas de comprar unas lindas zapatillas que había visto en una tienda… siguió engullendo su plato y volvió a reprochar a Dios por ser un sujeto perverso.
Su esposa comentó que a la tarde se reuniría con Anna, su amiga, y él debería llevar a los chicos al colegio, Víctor no discutió y aceptó gustoso.
Victoria dejaba la casa a las 15:30 horas, vestía un hermoso ropaje rojo traición. Él consideró que sus amigas debían ser "demasiado importantes para tanta elegancia". Pasaron 30 minutos y despertó a los niños, los acompañó hasta la entrada del colegio. Sus ojos despabilaron al ver el perfil azul que caminaba hacia la puerta de entrada llevando a dos niños uno de cada lado. Clara iba allí… preguntó a sus hijos si conocían a aquella mujer, respondieron que era la madre de uno de sus compañeros. Era la misma persona que aquella mañana había coqueteado con él, pues sí lo era, pero esta vez se alejó, sus deseos no se encendieron, sino todo lo contrario.
Llegó a su oficina a las 17:00 horas, se preguntaba y respondía mil cosas, y el vacío de la mentira lo consumía. Nuevamente aparecieron sus colegas con las mismas preguntas y él con las mismas respuestas, al instante él preguntaba y ellos respondían exactamente lo de siempre.
Retomó el camino de vuelta y otra vez pensó en cambiar la rutina pero Álvaro apareció y la historia se repitió, hasta sus vecinos volvieron a balbucear su locura.
Atosigado por el ritmo del día, condujo su vehículo y se dirigió a buscar a su esposa hasta la casa de Anna, creyó que sería el gesto que Victoria esperaba de él. Sin embargo ella no estaba, durante todo el día no había estado allí, “demasiada elegancia” recordó. Volvió a su casa luego de recoger a los niños, no estaba enojado sólo se cuestionaba la realidad.
Para cuando arribó, ella estaba radiante, alegre, pero cuánto más podría soportar la farsa de todos los días, sus compañeros, su esposa, Clara… hasta pensó que Dios mismo lo engañaba... maldito perverso.
Víctor no cuestionó a su esposa, simuló no saber, la besó y pasó una noche más como todas las de costumbre, nunca cuestionaba y eran felices… sus hijos, sus esposa, su trabajo, ¿que más podría pedir?... al fin y al cabo,¿a quién podía culpar? Su vida era como la de todos, sentía las ansias incontenibles de responder - previas a toda mentira - y en todo momento “¿que diablos te importa?”, entonces su corazón volvió a ser humano… era Dios el sujeto perverso.
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