Las ciudades importantes se definen por ciertos elementos que fuera de la importancia de las mayorías o minorías; las diferencian y las hacen exclusivas. Aquello las hace sobresalir y las especifican como “ciudades” con todas las letras.
Ay!!! de aquellas que no tengan estos elementos que hacen a la distinción, exclusividad, esplendor, y buen deleite de un pueblo, de un número al menos conocido de habitantes con cierto grado de oposición entre sí. Están sin dudas condenadas al abrumamiento, al palidecer de un día húmedo y fatigado.
Ay!!! De aquellas ciudades que aunque sean pequeñas no permitan a aquel que busca sin consuelo aquello que tanto anhela. Al menos una grácil luminiscencia de esperanza deben poseer… y ello ya les defiere la salvación.
Los hombres no se definen por lo que de ellos se ve, sino lo que de ellos se espera ver… y como ver lo mejor si aquellas que proveen sus espíritus, están vacías de cortesía y encanto. Tal vez hemos apagado el ardor de la evolución y el adelanto. Nos hemos prefabricado… pret a porter, Tous nous, sommes généralisés … Somos como el viento que ayer nos estremeció la mejilla … ¿Qué lo diferencia del soplo que hoy nos cubrió la piel? Tal vez era el mismo que en un frenesí de remordimiento intento volver a juguetearnos con su osado beso.
Sin embargo, como todos aquellos pinos que se extienden ante nuestra perspectiva y que no parecen tener la mínima diferencian entre sí, aquellas brisas contenían intrínsecamente distintas e incomparables originalidades.
Así es… simplemente eran igualmente diferentes, sin dejar de ser brisas o pinos u hombre.
Ay!!! Qué será de esta pobre padre de las aguas, muriendo en su angustia… la misma que sintió aquel que intentó en ella encontrar aquello que; de tan simple, tan efímero… dejó de vivir para esta capital y con ello, ella misma dejó también de existir.
Sólo nos queda una esperanza… y ella esta en lo que de exclusivo tendrán los pequeños pueblos
Ay!!! de aquellas que no tengan estos elementos que hacen a la distinción, exclusividad, esplendor, y buen deleite de un pueblo, de un número al menos conocido de habitantes con cierto grado de oposición entre sí. Están sin dudas condenadas al abrumamiento, al palidecer de un día húmedo y fatigado.
Ay!!! De aquellas ciudades que aunque sean pequeñas no permitan a aquel que busca sin consuelo aquello que tanto anhela. Al menos una grácil luminiscencia de esperanza deben poseer… y ello ya les defiere la salvación.
Los hombres no se definen por lo que de ellos se ve, sino lo que de ellos se espera ver… y como ver lo mejor si aquellas que proveen sus espíritus, están vacías de cortesía y encanto. Tal vez hemos apagado el ardor de la evolución y el adelanto. Nos hemos prefabricado… pret a porter, Tous nous, sommes généralisés … Somos como el viento que ayer nos estremeció la mejilla … ¿Qué lo diferencia del soplo que hoy nos cubrió la piel? Tal vez era el mismo que en un frenesí de remordimiento intento volver a juguetearnos con su osado beso.
Sin embargo, como todos aquellos pinos que se extienden ante nuestra perspectiva y que no parecen tener la mínima diferencian entre sí, aquellas brisas contenían intrínsecamente distintas e incomparables originalidades.
Así es… simplemente eran igualmente diferentes, sin dejar de ser brisas o pinos u hombre.
Ay!!! Qué será de esta pobre padre de las aguas, muriendo en su angustia… la misma que sintió aquel que intentó en ella encontrar aquello que; de tan simple, tan efímero… dejó de vivir para esta capital y con ello, ella misma dejó también de existir.
Sólo nos queda una esperanza… y ella esta en lo que de exclusivo tendrán los pequeños pueblos
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