Las luces se encendieron, se mantenían callados y expectantes. “Se estarán preguntado que hacen en este lugar, pues… como les he dicho, están aquí para cumplir su buena misión en la vida… ha pasado mucho tiempo... tal vez recuerden a este muchacho” – dijo esto mientras le mostraba una foto de un joven de tal vez unos 19 o 20 años.
Hacía unos dos años atrás, Pereyra, Avalos y Martínez habían asaltado un supermercado. Desafortunadamente el atraco se volvió violento y dispararon unos cuantos proyectiles contra el joven cajero, hiriéndolo de muerte en un pulmón, en un riñón y en el corazón. Sin embargo ellos no lo recordaban. Súbitamente la camilla comenzó a reclinarse y se vieron sentados uno al lado del otro, excepto la camilla de la derecha que continuaba extendida.
La luz blanca fue disipándose hasta hacerse tenue, el hombre con los guantes de goma caminaba con una carpeta en sus manos. “Véanlo por ustedes mismos” – dijo al fin señalando la camilla de la derecha – En ella había un sujeto, joven, conectado a varios cables, el sonido enloquecedor provenía de un pequeño monitor que indicaban los latidos del corazón. “Obviamente no lo recuerden, no es parte del juego recordar a las personas a las que hacen daño..., de todas maneras hoy tendrán la oportunidad de colaborar con la vida. Tal vez a partir de este momento les interese un poco más aquellas personas a las que han lastimado o simplemente quitado la vida” – dijo el aprehensor. Inmediatamente con tono apacible y amistoso, comenzó a dar la siguiente explicación:
“El muchacho necesita, como dije, un pulmón, un riñón y un corazón, y pues son ustedes quienes intencionalmente se han colocado en la posición de donantes. Pero como sabrán, es absolutamente posible continuar una vida normal con un solo pulmón y con un solo riñón debiendo mantener los cuidados debidos, pero no pasa lo mismo con el corazón. Es por ello que dejaré que ustedes mismos decidan quien donará voluntariamente el corazón” – mientras dijo esto, se retiró y dejó a los tres individuos con la perplejidad y la perturbación de lo desconocido.
“Cómo no lo eliminamos apenas tuvimos la oportunidad – reprochó Avalo – ahora estamos en las manos de un tipo que nos quiere abrir y sacar los tripas, esto es una locura no pude ser verdad”. La histeria comenzó a crecer entre los cómplices, intentaron de una y otra manera salir de las amarras pero fue imposible. Maldecían y gritaban como locos, pero nada de ello parecía modificar su destino. Uno de ellos insistía en que debían decidir antes que vuelva el sujeto de los guantes, de lo contrario mataría a los tres, el piiip....del pequeño monitor enloquecía a los prisioneros. “Pereyra, tu fuiste el que disparó, tu deberías darle el corazón”. Ello era imposible, pues Pereyra jamás había gatillado un arma, su criminalidad siempre estaba compuesta por un cuchillo bien afilado. Ninguno de los tres recordaba el hecho, habían asaltado cientos de mercados, negocios y personas de todo tipo y color pero no recordaban a ninguna de las víctimas.
continua...
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