No todas las derrotas son fracasos, así como no todas las victorias son éxitos rotundos. En este caso las elecciones primarias del pasado 14 de agosto dejaron una sensación de lo primero más que de lo segundo, ya que la mitad más uno estuvo del lado de los ganadores, y a veces esa frase de "el 50% de la gente no los quiere" no tiene mucho sentido, más aún si el 50% restante se lo dividen en partes casi equitativas 7 fuerzas políticas.
La gente dio su veredicto: la buena performance gubernamental de los últimos dos años, que comenzaron con el fracaso legislativo de la oposición una vez ganadas las elecciones de junio de 2009, gracias a leyes como la de matrimonio igualitario, ley de medios, el fútbol para todos, y a la ayuda económica a sectores agrícolas y el "hitazo" de la asignación universal, el oficialismo supo como equilibrar la balanza progresista, haciendo que Elisa Carrió, Ricardo Alfonsin y Eduardo Duhalde tuviesen una actitud cada vez más intolerante y derechista (en el caso de éste último, no se necesitó mayor esfuerzo).
Todo esto agregado al disgregamiento de las alianzas electorales, y a que las elecciones presidenciales, primarias o no, son personalistas, hicieron que la oposición tuviera un mosaico inmenso de cuasi candidatos que nunca tuvieron el real apoyo de la gente cuando la campaña comenzó.
Esta derrota de la oposición, que como presuponemos no lo es tal para la sociedad, indica el fin de personalismos y luchas por el solo hecho de confrontar, dividir y reinar. Duhalde, Carrió y Alfonsin quedaron en la nada, como sus campañas, puro marketing invitando a eliminar la figura política de Cristina, mientras, la presidenta, llamaba a Macri que en paños menores recibía la salutación de la primera mandataria, en un gesto de clara comprensión de lo que las elecciones de Capital Federal habían dejado. Es que la gente que da asco también es gente habilitada para votar en las elecciones primarias.
En la crisis de la oposición surgen oportunidades, la de ver a una centro izquierda fortalecida con la demostración de gestión y suficiencia de Binner en Santa Fe (cuyo principal problema sigue siendo la inseguridad, un inconveniente nacional, pero que en 5 semanas hizo una campaña muy buena). Por otro lado, la derecha ve a un candidato que, a pesar de ser estigmatizado como el nuevo Hitler por los "cracks" de 678, TVR y Duro de Domar, (digo yo, estas personas habrán visto el estado las escuelas de las provincias kirchneristas?) ha demostrado mantener conforme al 65% de la población más disconforme del país.
Esperemos que de aquí en adelante algunas figuras caigan al abismo de la intrascendencia mientras otras toman un protagonismo en el intento de consolidar una política argentina con criterio y en busca de un norte que sea el bienestar general de los argentinos. En busca de un proyecto de país.
Uno se pregunta: Los que votaron por los candidatos realmente derrotados, llámese Ricardito, El Cabezón o Lilita, ¿verdaderamente votaban un planteamiento económico, político y educativo... o sólo sacarse de encima el kirchnerismo? Preguntas como esas hacen que el acto eleccionario no sea una pérdida de tiempo, sino una inversión a futuro. Un futuro con rumbo a un proyecto serio para nuestro país.
La gente dio su veredicto: la buena performance gubernamental de los últimos dos años, que comenzaron con el fracaso legislativo de la oposición una vez ganadas las elecciones de junio de 2009, gracias a leyes como la de matrimonio igualitario, ley de medios, el fútbol para todos, y a la ayuda económica a sectores agrícolas y el "hitazo" de la asignación universal, el oficialismo supo como equilibrar la balanza progresista, haciendo que Elisa Carrió, Ricardo Alfonsin y Eduardo Duhalde tuviesen una actitud cada vez más intolerante y derechista (en el caso de éste último, no se necesitó mayor esfuerzo).
Todo esto agregado al disgregamiento de las alianzas electorales, y a que las elecciones presidenciales, primarias o no, son personalistas, hicieron que la oposición tuviera un mosaico inmenso de cuasi candidatos que nunca tuvieron el real apoyo de la gente cuando la campaña comenzó.
Esta derrota de la oposición, que como presuponemos no lo es tal para la sociedad, indica el fin de personalismos y luchas por el solo hecho de confrontar, dividir y reinar. Duhalde, Carrió y Alfonsin quedaron en la nada, como sus campañas, puro marketing invitando a eliminar la figura política de Cristina, mientras, la presidenta, llamaba a Macri que en paños menores recibía la salutación de la primera mandataria, en un gesto de clara comprensión de lo que las elecciones de Capital Federal habían dejado. Es que la gente que da asco también es gente habilitada para votar en las elecciones primarias.
En la crisis de la oposición surgen oportunidades, la de ver a una centro izquierda fortalecida con la demostración de gestión y suficiencia de Binner en Santa Fe (cuyo principal problema sigue siendo la inseguridad, un inconveniente nacional, pero que en 5 semanas hizo una campaña muy buena). Por otro lado, la derecha ve a un candidato que, a pesar de ser estigmatizado como el nuevo Hitler por los "cracks" de 678, TVR y Duro de Domar, (digo yo, estas personas habrán visto el estado las escuelas de las provincias kirchneristas?) ha demostrado mantener conforme al 65% de la población más disconforme del país.
Esperemos que de aquí en adelante algunas figuras caigan al abismo de la intrascendencia mientras otras toman un protagonismo en el intento de consolidar una política argentina con criterio y en busca de un norte que sea el bienestar general de los argentinos. En busca de un proyecto de país.
Uno se pregunta: Los que votaron por los candidatos realmente derrotados, llámese Ricardito, El Cabezón o Lilita, ¿verdaderamente votaban un planteamiento económico, político y educativo... o sólo sacarse de encima el kirchnerismo? Preguntas como esas hacen que el acto eleccionario no sea una pérdida de tiempo, sino una inversión a futuro. Un futuro con rumbo a un proyecto serio para nuestro país.
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