Contaba la leyenda sobre una fortaleza secreta erigida en uno de los rincones más alejados del mundo humano; en el medio de un gran páramos el cual no muchos conocián. Se creía que en el interior de la fortaleza se encontraba el secreto de la existencia misma. Por supuesto que Abbe estaba convencido de que el secreto de la vida misma ya lo conocía, así que la curiosidad no era un móvil suficiente para él. Por ello nunca se había embarcado en la tarea de encontrar la fortaleza.
Abbe siempre tenía junto a él a sus mejores amigos. Eran un grupo extraño, incluso aún para las historias épicas de aquellos tiempos. Sobre Abbe no pienso aclarar nada, ya que es un viejo conocido de todos, así que les voy a contar sobre los otros 3 integrantes. Juan era la pieza racional del grupo, un personaje con capacidades de razonamiento sobresalientes, para él el mundo no era más que un grupo de engranajes coordinados, dónde todo hecho era consecuencia racional de una acción previa. Nina en cambio era una niña extremadamente impulsiva, para ella no existían argumentos razonables ni explicaciones lógicas. Ella marcaba su norte y lo alcanzaba sin que hubiera nada que la pueda detener, ni siquiera incluso sus amigos. Por último tenemos a Marco, y aquí llegamos al primer problema de nuestro relato. No se sabe mucho sobre él, incluso algunos narradores llegan a afirmar que nunca existió, y reducen sus acciones a un simple ser imaginario. Un viejo elfo de las tierras oscuras asegura que Marco es un ser imaginario producto de la contaminación que sufrieron las mentes de los tres amigos cuando viajaban por aquellas tierras. A este humilde narrador no le consta la veracidad de sus dichos, por lo que simplemente se limita a repetirlos.
Como dije anteriormente, Abbe jamás habría intentado llegar a la fortaleza por sí mismo. Pero una buena tarde de invierno mientras bebían una chocolatada junto al fuego Marco desafió a sus tres amigos a encontrarla y descubrir el secreto de la vida. Juan y Nina decidieron de inmediato intentarlo, y como siempre arrastraron a Abbe en su empresa, por supuesto Marco también fue con ellos (creo que no hubiera sido posible que suceda de otra forma).
Caramba!, que tarde se ha hecho. Prometo terminar la historia de los cuatro amigos la próxima vez que vengan a escuchar los relatos de este pobre viejo.
Abbe siempre tenía junto a él a sus mejores amigos. Eran un grupo extraño, incluso aún para las historias épicas de aquellos tiempos. Sobre Abbe no pienso aclarar nada, ya que es un viejo conocido de todos, así que les voy a contar sobre los otros 3 integrantes. Juan era la pieza racional del grupo, un personaje con capacidades de razonamiento sobresalientes, para él el mundo no era más que un grupo de engranajes coordinados, dónde todo hecho era consecuencia racional de una acción previa. Nina en cambio era una niña extremadamente impulsiva, para ella no existían argumentos razonables ni explicaciones lógicas. Ella marcaba su norte y lo alcanzaba sin que hubiera nada que la pueda detener, ni siquiera incluso sus amigos. Por último tenemos a Marco, y aquí llegamos al primer problema de nuestro relato. No se sabe mucho sobre él, incluso algunos narradores llegan a afirmar que nunca existió, y reducen sus acciones a un simple ser imaginario. Un viejo elfo de las tierras oscuras asegura que Marco es un ser imaginario producto de la contaminación que sufrieron las mentes de los tres amigos cuando viajaban por aquellas tierras. A este humilde narrador no le consta la veracidad de sus dichos, por lo que simplemente se limita a repetirlos.
Como dije anteriormente, Abbe jamás habría intentado llegar a la fortaleza por sí mismo. Pero una buena tarde de invierno mientras bebían una chocolatada junto al fuego Marco desafió a sus tres amigos a encontrarla y descubrir el secreto de la vida. Juan y Nina decidieron de inmediato intentarlo, y como siempre arrastraron a Abbe en su empresa, por supuesto Marco también fue con ellos (creo que no hubiera sido posible que suceda de otra forma).
Caramba!, que tarde se ha hecho. Prometo terminar la historia de los cuatro amigos la próxima vez que vengan a escuchar los relatos de este pobre viejo.
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