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La fortaleza inexpugnable - Separación

Nadie sabía exactamente dónde se encontraba. En las tabernas se escuchaban relatos de peregrinos que aseguraban saber su ubicación, o que conocían alguien que había estado allí. Como la mayoria de los relatos resultaban falsos los clientes habituales solían ignorarlos. Sin embargo Marco aseguraba que un viajero le había confesado la ubicación del páramo a cambio de unas monedas. Juan dudaba seriamente de la veracidad de esos dichos, pero Nina no reparó un sólo instante y arrastró al grupo antes que ellos mismos se dieran cuentan de la empresa en la que se estaban metiendo.

Tras una corta preparación los cuatro amigos emprendieron el viaje a la fortaleza. Al cabo de 2 dias y 6 noches (si, efectivamente fueron 2 días y 6 noches. En las tierras de Abbe esto no era algo extraño, algún día se los explicaré) llegaron a la región dónde decían que se encontraba la fortaleza. Guiados por Marco, empujados por Nina, vivos gracias a Juan y juntos culpa de Abbe. A medida que se acercaban el sol cada vez brillaba menos y la niebla se volvía más y más espesa hasta el punto que los cuatro amigos ya no podían verse entre si. Para no separarse Nina comenzó a silvar una vieja canción de cuna, así los demás podían seguir su voz. El clima era frío, pero como siempre la canción de Nina les abrigaba los corazones.

Al cabo de un rato de seguir la voz la niebla comenzó a desaparecer y los amigos no daban crédito de lo que decían sus ojos. Juan se encontraba en el medio de un gran desierto helado y frente a él no había más que desolación. La fortaleza no se podía ver por ninguna parte, y sus amigos tampoco. Los llamó a los gritos incontables veces, pero nunca tuvo una respuesta. Lo único que pudo divisar frente a él fue una figura grande que se recortaba contra el horizonte. Al no tener más opciones se encaminó hacia ella.

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