La verdad es que siempre fui escéptico al pensar en esta marcha convocada por fiscales con dudoso prospecto y profundamente enemistados con el poder ejecutivo nacional. Acompañada por algunos políticos opositores con ánimo presidencial y poca cintura para armarse votos con una campaña propia, y rematada por el fuerte impulso de la propaganda anti K de la "corpo".
Pero analizando (un par de días después) lo sucedido, uno puede darse cuenta que, a pesar que todos estos actores se han sentido satisfechos y triunfantes con la convocatoria, ninguno de ellos puede sentirse "ganador" de esta supuesta puja de poder entre algunos sectores y el Poder Ejecutivo nacional.
Veamos: el grueso de la gente antes de la marcha no conocía ni a Marijuan ni a Stornelli más que por nombre y algún que otro hecho relevante. Ahora tampoco los conoce mucho más.
Ver a Massa, Binner, Macri, Carrió y demás, mojándose bajo la lluvia de febrero, no le sumó un voto a ninguno de ellos.
Sobre Clarín, a esos no le entra ni una bala...
Leyendo esto uno podría decir que el Gobierno salió reforzado... pero ni menos. Los agoreros de la destitución y el golpe flácido no pudieron sostener lo que dijeron durante días de esta marcha, y al no ver destitución hicieron lo que mejor saben: decir que gracias a que ellos hablaron antes, no pasó nada... salvados (again) por Aníbal Fernández y Capitanich....
Solo queda entender una cosa: a la marcha pudieron haber ido fiscales encontrados con el Gobierno (especialmente desde los Boudou, Lázaro Baéz y HoteSur-gates), políticos presidenciales en búsqueda de votos perdidos (algunos procesados, otros que no pueden explicar porque esta lleno de narcos Nordelta, en fin...) y opositores recalcitrantes (y eso que no estaba Lagomarsino), pero a los demás, a los que solamente en elecciones se los conoce como "los indecisos", no les importó un corno esto... a ellos el 18 de enero les pasó lo mismo que a muchos de nosotros (y me incluyo): la indignación del sinsentido...
Como con Once, como con Cromagnon, como con la voladura de Río Tercero, como con los ahorros en 2001, como en la embajada de Israel y como (paradójicamente) en la AMIA, otra vez, en nuestro país, pasa lo impensado, lo que nunca debería pasar, lo que nos hace preguntar: "si a un fiscal de la Nación -del agrado de quién sea- a punto de explicar la denuncia más importante de la historia democrática argentina, le pasa esto... ¿qué nos puede pasar a todos nosotros?"
La gente que fue a marchar en silencio (repito, los verdaderos "independientes") pueden ser personas que han votado a Cristina, y si hoy pudieran la votarían otra vez; o personas que nunca les importó la política, o simplemente gente cansada que en este país pase de todo, que no haya garantías de nada, que en lugar de parar la pelota, enseguida busquemos al culpable que más nos convenga, que embarren la cancha y, principalmente, que nunca se llegué a la verdad.
Otro que no sea el ciudadano argentino cansado del oprobio, no puede afirmar, jamás, haber salido triunfante de aquella marcha, una marcha que, lentamente, fue hacía adelante.
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