Diálogo entre un idealista apasionado y un
mítico peligroso.
“Ella”
-
En ninguna pasión es tan
difícil señalar la línea entre lo normal y lo morboso. De lo contrario no has conocido
el amor (dijo irónicamente).
-
Eres un tonto, sabes. El hombre
es pasión, es visceralmente lo que uno hace al esculpir su destino.
Por supuesto que no hay verdadero amor sin un amplio arcoíris de
locura.
-
Por favor...¡¡¡¡ autoengaños,
eso eso es... Pretender que tu celo pasional, es justo y razonable. Ese
amor luminoso que dices sentir, no es más que miedo. Miedo inconsciente a que
tú efímera y momentánea felicidad se vea oscurecida.
A lo único que tiende tu comportamiento es a conservar “eso” que piensas
te pertenece como cosa propia. Date cuenta que no sólo eres loco, sino también
celoso.
O tal vez al revés.
Pero es obvio que no puedes controlar la intoxicación emotiva que
nubla tu razón. No logras controlar tu instinto. Pues eso que dices que “sientes”,
es simple reacción instintiva.
-
!!Qué equivocado estas amigo
mío¡¡¡. No es locura, ni celo ni envidia. Pues no sufro ningún furor sobre
los bienes de otro.
Por el contrario, sufro de amor por ella. Ese amor armoniosamente
dual entre lo posible y lo real. Lo etéreo y lo físico.
Pero si ese binomio se rompiese...
(Caviló) ¡¡¡Hay de mí!! No podré contenerme.
Haré lo imposible para defender lo que me es propio, y más aún
destruiré toda amenaza posible.
Sabes, tal vez tengas razón en algo. Estoy intoxicado. Pero no es
veneno lo que altera mis viseras. Es el vital deseo de lo inesperado y bello de
mi sensibilidad ilógica.
-
¿No crees que ese temperamento
intoxicado, aunque yo diría celoso, sea causa de tu locura?...
-
Jamás...
...pues amo a mi locura y
ella me ama a mí. Convivimos en un sólo espacio y disfruto de ella con cada
incendio.
Y tu; ¿no sientes que hierves
incontrolablemente por ese deseo no concretado?
¿No gozas de la inseguridad de sentimientos revoltosos e
incontrolables?...
-
¿Inseguridad? (impetró el otro)
Eso no es más que una fantasía morbosa. No se puede estar seguro de un
sentimiento, pues no son más que un punto de contacto.
Si en verdad es
amor, debería ser libertad, debería ser tradición, debería ser real...
No lo sé,
es al menos lo que creo, o siento que creo, o peor aún, “que pienso que
siento”.
Pero no juzgues a las palabras por la valoración
subjetiva de la sociedad. Tú no eres así, compréndeme que intento evadir los
valores sociales de la lingüística.
Egoísmo, envidia, celo, odio... son pasiones y no son
ni buenas ni malas en su manifestación ni en su concepto, sino en nuestra limitada
capacidad de comprensión.
No te juzgo a ti, ni a tu sentir. No juzgo ni puedo
hacerlo.
-
Tal vez lo hagas para tu
interior, y sólo para tí.
-
Tal vez... pero ello tampoco es
bueno ni malo, ni mejor ni peor.
No me malinterpretes. Sólo intento describir lo que veo, y lo que
veo, es que tu deseo no es otro que poseer afectivamente a tu amor. Tu pasión
esconde por ello una única finalidad; egoísta y envidiosa; “satisfacer un
deseo”.
¿Quién negaría que satisfacer los deseos es bueno?...
-
Así es amigo mío... la quiero
para mí y eso me genera un gran dolor. Ese exclusivismo turbado es el amor. Por
ello, debo protegerlo. Es una posesión peligrosa y esa es mi realidad.
(Una posesión peligrosa – repetía
para sí)
-
Comprendo.
Desearía ver el mundo a través de
tus ojos. No quisiera pensar que no existe tal realidad, que no existimos ni
tú, ni yo, ni ella. Que no existe más que lo que químicamente activa este
cuerpo vital, que dice sentir, que dice pensar, que dice vivir.
-
Me compadezco de ti camarada.
Aún así,
desearía que experimentes conmigo, y hacer leve tu pesar y hasta compartir este
dulce sentimiento recóndito de sufrir y hacer sufrir, de sentir y hacer sentir.
Pues… ¿hay algo más efímero y vital que un sentimiento?...
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No, no lo hay...
-
Gracias amigo mío. No esperaba
otra cosa de ti.
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