Las cuerdas
chillaban armoniosamente invitando una redada mágica en el salón de
baile. No eran más de las diez, allí quizá un poco más. De todos modos eso
no importaba sólo era libre en su mente abstraída, viajando hacia donde el mar
es tranquilo y el Bora prevalece espontáneamente por sobre el cálido suspiro
del desierto.
- Esta vez,
puede que la matemática ayude, pensé para mí, mientras el bouzouki incitaba mis inclinaciones. Por supuesto que descreía de toda la falacia
aritmética. No más que irracionales conclusiones que alegrarían a un espíritu
simple que resuelve sus complicaciones con trazos numéricos sobre una hoja de
cálculo.
Pero para mí
esto no basta, eso no es real. No más cierto que tinta sobre un cuaderno en el
que se pintan signos arábigos o tal vez indios o a quien le importa quién…
- Si esos signos
pudieran escapar de ese plano bidimensional, haciendo su existencia más
profunda, pensaba. Una vida superior a ese estúpido mundo de hoja de papel.
Demasiado riesgo, ¿qué sentido tendría? Tenemos una manera razonable de vivir,
-pensé entre tragos mesurados-.
¿Dos planos es
más que suficiente? – volví a interrogarme en un traicionero arrebato de
racionalidad. – y tres planos…?
- Pero que estoy pensando. Ni siquiera puedo sintetizar mis ideas. Qué quiero, qué quiere, qué debo querer... Esta agotada analogía no me lleva a ningún lado, concluí. Cuantos han estudiado esta estupidez de viajar en el tiempo a través de la cuarta dimensión; y lo que es peor... para qué lo harían.
- ¿A quién le interesa el tiempo? Es tan efímero e insignificante que el mundo lo malgasta en trivialidades.
- Aún así quieren viajar en el tiempo, abrir el portal del pasado y atravesar el futuro. Pero esta imposibilidad causal de sucesión de efectos post causa, impide todo razonamiento fructuoso.
Además... no necesito tiempo, sólo espacio. Espacio para estar ahí donde pudiera estar.
- Pero el tiempo va más rápido en el espacio, - pensé tristemente - tiempo que no quiero acontezca tan a prisa.
- Si pudiera negociar con el espacio, sólo un poco más de tiempo... - una mueca cínica roció mi rostro- tal vez pueda comprar unos pocos minutos extra.
"¿Cuánto tiempo quieres?"...
"No más que una pieza de baile, o tal vez un fragmento apasionado..." - Sí, eso bastará.
- Tonto retorcido - advirtió mi conciencia - sabes tan bien como tú mismo que, apenas la tengas en tus brazos querrás más tiempo que el puedan venderte. No tiene sentido, nada lograrás más que angustia.
Entristecí inmediatamente, y comprendí no ser mas libre que una estrecha longitud en una angosta profundidad. anhelando estar en el mismo salón y entre los brazos espaciosamente fugaces de ese ritmo vivo de tres tiempos en un compás.
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