Lo bueno de vivir, es saber que mañana
va a transcurrir exactamente igual que hoy. El instinto de supervivencia así lo
ha previsto. Porque no existe fuerza que impida el paso de la existencia. El
mañana será agresivo e inoportuno.
Lo que afirmo no es una
incongruencia fácilmente rebatible por empíricos instruidos, retenedores de
información adventicia.
La ciencia puede saberlo. Pero tan
solo a través de la hipótesis lógica de lo que ya aconteció.
Ese conocimiento siempre estará
allí, al alcance de cualquier pensante en cualquier momento.
Pero el mañana no
está al alcance de todos, porque el mañana puede cambiarlo todo y dejarlo todo
sin lógica.
Suponemos que mañana será
exactamente igual que hoy, regido por las mismas leyes que el mundo ha
descubierto y así supervivimos. ¿Paradójico verdad?
Supervivir es simplemente seguir
vivo mientras otros… No, eso no es cierto.
Supervivir es echar de ver lo irrazonable
e inadmisible, que sin embargo puede suceder. Pues por más absurdo que pueda
ser no pensamos en vivir hoy, sin la esperanza del mañana; hacemos hoy, por resultados probables del
mañana.
El mañana es impuesto. Pero si no
vive, yo tampoco vivo y cada letra de una existencia no tendría el más mínimo
sentido. Mañana puede alterarse todo y la ciencia
no sabrá nada sobre eso.
Lo cierto es, que no sabemos si
nuestra existencia está prevista para el día después de hoy, después de este
instante, o después del punto y aparte.
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