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LLuvia

Lo bello de la lluvia radica en que es tan efímera y eterna a la vez. A veces suave e inesperada como una lágrima de verano, otras violenta y constante como una poderosa tormenta. Siempre termina, y siempre vuelve a empezar.

Las personas, tristemente, sólo somos lo efímero. Nos encendemos y extinguimos como esas gotas de lluvia que se deslizan inocentes en el vidrio de tu ventana. Ignorantes de su destino.

Y son sólo esos breves instantes, mientras nos deslizamos, todo lo que tenemos. Todo lo que podemos amar, reir, llorar, abrazar... brillar. Y todo lo que no decimos, todo lo que no hacemos es tiempo que nunca existió. Porque cuando acaba la lluvia, ya nada más importa. Sólo fuimos unas gotas melancólicas en el vidrio de algún café.

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