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Solo una clase más.

El momento de la presentación se acercaba... era sólo una clase más. Como tantas otras habían pasado , y el tiempo ya habia consumido ese estado de nerviosismo previo... o al menos eso parecía pensar Abbe. El dragón? era sólo otro dragón que podía caer, a pesar de su aspecto temible. Una batalla más, sólo eso.
Las armas se encontraban donde siempre... en aquél viejo baúl... Los pequeños bancos ya estaban alistados esperando firmes la contienda. Todo parecía un día más. Sólo un día mas... Pero esta vez las cosas eran diferentes. Las garras del tiempo parecían traer desde el mismísimo infierno aquellos temores de principiante. Acaso no había perdido ya el miedo a la bestia?. Aquellos nervios de sus primeros combates se arremolinaron en su cabeza y en sus manos. El sudor comenzó a recorrerle sus dedos.
Entre el público se podían ver grupos de guerreros que se habían acercado a presenciar la lucha. Armaduras relucientes, escudos y espadas reflejaban los ardientes rayos de sol. Le era imposible a Abbe concentrarse en alguna figura de la multitud. Con sus ojos recorrió la heterogenea masa de formas brillantes, hasta detenerse de golpe en aquella figura, la única que pudo distinguir. Y si... el ya lo sabía que ella estaba ahí. Montada en su reluciente banco, empuñando la pluma y no una espada. Una pluma que lastimaba más que una espada, pluma ejecutora de sus divagaciones.
Y la bestia atacó. Abbe esquivó torpemente los primeros golpes. Su pulso se aceleraba y perdía el ritmo de aquella danza. No podía dejar de volver su vista a la multitud. El dragón clavó en él sus oscuros ojos, portadores de furia y alegría. Abbe retrocedió unos pasos al verlos... pero tomó su espada y lanzó una estocada... Y luego otra... la espada surcaba el aire, dibujando a su paso extrañas figuras. Lentamente el dragón fue cediendo a la torpe escritura de Abbe, hasta darse vuelta y huir desplegando sus gigantes alas. Otra Victoria!... por poco... Y es en ese momento un sentimiento de júbilo debía invadirlo... sin embargo su pulso no de desaceleró, y su pecho parecía oprimirlo aún mas... Y esto, simplemente me lleva a pensar, a que mirada debemos temerle más? a la del dragón o la de la doncella?

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