Como una centella zigzagueante, invadió mi cabeza. Los demonios de aquella imagen no paraban de acosarme. Suficientemente rápido para aparecer, y suficientemente lentos al desvanecerse, provocaban turbulencia en aquél espacio donde nunca sopló más que una leve brisa. Y el viento me dio vueltas, haciéndome girar en sus cálidos brazos. Y me adormeci.
Pero yo no era lo único que giraba en ese torbellino psicológico de desencuentros. Podía ver otra figura. Verla me hacía sonreir, pero pensar en ella me regalaba un cajón lleno de tristeza y palabras vacias. Lleno de posibilidades imposibles, al menos para mi. Será que tal vez en ese torbellino el cajón que llego a mi no me pertenecía. Tal vez alguien más se quedó con el mio. O tal vez, simplemente nunca se hizo uno para mi.
A esta altura no reviste mayor relevancia, tomé aquellos sueños del cajon. Aunque no me pertenecieran, yo los quería mios. Y en un acto de egoísmo me los apropie.
Supongo que es como comprar la entrada a un espectáculo el día despues de que se canceló.
Pero yo no era lo único que giraba en ese torbellino psicológico de desencuentros. Podía ver otra figura. Verla me hacía sonreir, pero pensar en ella me regalaba un cajón lleno de tristeza y palabras vacias. Lleno de posibilidades imposibles, al menos para mi. Será que tal vez en ese torbellino el cajón que llego a mi no me pertenecía. Tal vez alguien más se quedó con el mio. O tal vez, simplemente nunca se hizo uno para mi.
A esta altura no reviste mayor relevancia, tomé aquellos sueños del cajon. Aunque no me pertenecieran, yo los quería mios. Y en un acto de egoísmo me los apropie.
Supongo que es como comprar la entrada a un espectáculo el día despues de que se canceló.
Comentarios