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Las pilchas de Satán

Muchos no lo saben, pero el demonio no malgasta su tiempo. A la primera muestra de tener un rato libre busca en qué ocuparlo. El hobby sobre el cual les voy a contar es consecuencia de la depresión en la que cayó durante la posguerra.

Satán descubrió su habilidad para hacer camisas una tarde hace ya muchos años. Y a partir de ese día no pasó uno sólo en el cuál no fabricara una camisa. Con el tiempo el infierno se iba llenando de ropa que nadie usaba, entonces tuvo una idea: embrujar las camisas y mezclarlas en algunos locales de ropa. La primera vez que lo hizo utilizó una negra y de corte tradicional. Sobre ella lanzó un embrujo de irresistibilidad mediante el cual ninguna mujer se le podría resistir al que la usara. Eligió cuidadosamente la tienda y luego se escondió entre los estantes esperando al candidato perfecto para ella. Debía ser alguien de corazón oscuro, capaz de destrozar corazones sin siquiera pensarlo. No pasó mucho tiempo hasta que entró el joven ideal. Satán se encargó de que se llevara su camisa y luego lo siguió durante todo el día para ver el efecto. Cómo lo suponía, el efecto fue devastador, en un sólo día el joven destrozó sin lástima tres corazones y dejó otro bastante maltrecho. Satán volvió esa noche al infierno feliz. Su plan inicial era lanzar distintos embrujos sobre las camisas, pero lo que había visto con el joven lo dejó tan satisfecho que decidió utilizar siempre el mismo.

Con el tiempo el demonio logró montar una pequeña fábrica de camisas en el infierno, en colaboración con sus esbirros quienes se encargaban de vendérselas a los candidatos adecuados. Con el tiempo hasta los pueblos más pequeños tenían jóvenes con las pilchas de Satán que salían por las noches a lastimar los corazones de las niñas. Niñas que no podían olvidarlos y sufrían terriblemente a pesar de saber que ellos no lo merecían. Todo culpa de esas pilchas!!!.

Así que tengan cuidado, la próxima vez que alguien con camisa se les acerque... pueden convertirse en víctimas de Satán y sus pilchas.

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