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El despertar de los inconscientes.

Os presento a la única vencedora de una guerra inocua, la “dama aritmética”. Ella que, por desprecio a todo otro saber, utilizó el más vil de los armamentos, veneno en las conciencias.
Ella dividió las páginas de la historia entre los cultos, inteligentes, dignos del mundo y del poder, de quienes pertenecen a las migajas del arte gnoceológico. Ella logró segregar a “triunfadores” de entre los entes relativos merecedores del destierro; los “genios normales” de los “comunes ignorantes”.
Ganar estas primeras batallas fue sencillo. Tan sólo una cuestión numérica separó a los normales de los comunes, y como toda ecuación axiomática se presentó clara y evidente admitiéndose prácticamente sin demostración. Esa fue la ventaja con la cual corrió la engañosa matemática.
Escondiéndose bajo inofensivas sombras numéricas, logró penetrar todos los saberes intoxicándolos con falsas realidades. Partió de axiomas y proporcionó soluciones aparentemente irrefutables. Esto le permitió constituirse en una ciencia exacta, y ser coronada “reina de las ciencias” y posiblemente la más científica de ellas.
La guerra fue declarada. “El pensamiento” -su arma letal- escondido en su ingeniosa lógica, hábilmente sembró en las conciencias individuales e infectó al saber y a quienes profesan su fe. Con él, esta embustera se benefició de la lucha interna entre sus rivales, no porque los “sabios matemáticos” posean la verdad sino bajo la idea que “los otros no la tienen”.
Guerra narcisista que enfrenta a exactas o unánimes contra “inexactas”, dinámicas o mejor dicho “pensantes”; cuya desventaja es dar pié a comprobaciones y proposiciones para todos los gustos, y ello se agrava cuando advertimos que a diferencia de la “señora ciencia”, logró que todo el mundo opinara sobre la psicología-política, o la economía- jurídica y demás disciplinas.
Sin embargo, nuestra amiga embustera sabe que ella, no es más que números y deducciones formales que; por más rebuscado logaritmo, siempre tendrá una respuesta simple y concreta. Que aún en la probabilidad cierta de un resultado fijo, no es mas que expectación fundada en conocimientos parciales. 
Aún así no duda en sembrar discordia y herir a las dinámicas y cambiantes, siendo que ella no es más real que un número infinito.

Sin quitar mérito a su éxito parcial, su astucia se basa en confundir la razón en su devenir e inexactitud, pues cuanto más complejo es un problema, más mentes aseguran contar con la solución. Pero no desaniméis, resta una única y matemática solución... despertar.

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