Abbe había recibido todo tipo de rechazos. Había escuchado los más comunes
-"No gracias" (nunca terminó de entender que le agradecían)
-"No, no te quiero" (este nunca le causaba sorpresa)
-"No sos vos, soy yo" ( "...que no te quiero", por lo cual Abbe lo ponía a la altura del anterior)
-"Basta!" (y generalmente ni siquiera había empezado cuando se lo decían)
también había recibido algunos de carácter cósmico como
-"Ni en un millón de años luz" (y eso que Abbe no tenía problemas de viajar)
-"El día que el sol se apague" (ese día no podía esperar tanto)
-"Ojalá te trague un agujero negro" (no tenía sentido insistir en este caso)
Pero nunca había escuchado aquél que recibió esa noche
"Y no... o sea... no te das cuenta?"
Este no era un rechazo común como los que había recibido anteriormente. Este manifestaba algo más que un descontento hacia su presencia. Algo más que una falta de afinidad. Algo más que un deseo de tragedia hacia su persona. Este rechazo significaba otra cosa. Significaba que había algo que el no comprendía, algo que hacía ridículos sus intentos. Algo que se encontraba en la naturaleza misma del mundo y que el no entendía. Algo evidente para la doncella , pero no para él. Algo tan evidente que todos los del lugar lo veían, pero el no. Significaba que por definición, ni siquiera debería haberse acercado en primer lugar. Significaba que sus mundos ni siquiera existían en la misma realidad.
Abbe entendió todo esto en el instante que escuchó aquellas palabras, sin embargo sólo se limitó a contestar
"No, me explicás?" creyéndose prematuramente victorioso.
No lo fue.
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