Existe
una tendencia moderna al ocultismo tras una pantalla de LED; pues pareciese que las
personas son más encantadoras, diestras, seductoras y desalmadas en el
anonimato. Cuando no nos ven podemos ser fascinantes. Tal vez la abstracción
del diálogo distante, genera que la inmaterialidad de palabras en el físico, la
ausencia que acelera el proceso de desinhibición. Por ello somos más directos y
sinceros detrás de un teclado. La virtualidad nos hace más agraciados.Nadie
negará que exista también, una fuerte tendencia al comportamiento opuesto,
haciendo uso y abuso de la mentira descarada, ya que jamás sería tan oportuno
como cuando se está oculto en el anonimato.Sin embargo para el ojo ávido, lo
íntimo de las personalidades surge patente al poco tiempo, dejando
expuesto el propio temple (salvo maestros del ocultismo virtual que con
objetivos concretos son simuladores de personalidad empática).Por otra parte,
todo ello se ve potenciado con el idealismo apresurado que sublima a la persona
desconocida, haciendo crecer expectativas pretenciosas que se fortalecen con
minúsculas presencias diarias.Con esta sola intención fueron creadas
estructuras sociales (redes sociales), para estar desconectados del mundo y
cercanos a la utopía. Porque no existe mejor producto que aquel no satisface
ninguna necesidad pero mantiene intacto lo más inmaterial de nuestra alterada
psiquis: “la ilusión”. Necesidad insatisfecha e ilusión renovada e indemne
es lo que ofrece Tinder, Badoo, Instagram, Facebook, WeChat, Twitter, Snapchat, etc.
(sin detallar los detestables juicios valorativos a los que llevan estas
estructuras, lo cual excede a esta primera hipótesis).
Bajo la ficción de enlazar
a un grupo de personas para mantener o querer mantener un vínculo de reciprocidad
amistosa, sexual, económica, familiar, etc. las redes sociales venden una
ilusión para quienes quieren ilusionarse.La contemporaneidad es sinónimo de
rapidez, escases de tiempo y aburrimiento espontaneo. No interesa hablar con
personas próximas, sólo queremos algo único, diferente y múltiple. Múltiple
entre las miles de posibilidades que tiene una aplicación para celular. Solo
buscamos una ilusión. Queremos distraernos. Queremos un narcótico económico que
genere el mismo efecto que cualquier droga alienante: alegría, euforia y
cambios placenteros de nuestro humor.Si bien todo depende del patrón de
consumo, las redes sociales son módicos estupefacientes generadores de
dependencia espiritual a estar conectados (alienarse para acelerar el
funcionamiento habitual del cerebro), renovar ilusiones (alterar el
funcionamiento cerebral distorsionando los sentidos, alucinando plácidamente),
para finalmente desanimarse, angustiarse y volver a consumir el mismo producto
que nos ha generado el éxtasis suficiente para lograr cambios de humor,
resentimiento y búsqueda de culpables de nuestra propia infelicidad. Esta es la primera hipótesis de las ilusiones estructurales.
Sin embargo lo ilusorio de una conexión no es abstracto si es sincero, lo cual
expondré en futuros post.
Te acordás cuando el mundo era simple? Cuando si querías a alguien, lo abrazabas. Un enojo se arreglaba hablando y no sabías nada del despecho. Si deseabas algo, lo decías. Sin miedos. Si hacías algo, era por gusto. El mundo en sí, no importaba. Teníamos nuestro mundo, con sus reglas, sencillas e imperfectas. Sabés que? El mundo sigue siendo igual de simple.
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