El infierno es un lugar bastante aburrido, los castigos se repiten una y otra vez, día tras días casi sin variaciones. Es un trabajo mecánico, por eso Satán encomienda a sus esbirros todas las tareas rutinarias. El problema es que la mayoría de tareas son rutinarias, por lo que los esbirros se terminan encargando absolutamente de casi todo en el infierno. Esto deja a Satán con mucho tiempo libre, hecho que lo deprime bastante, casi tanto como ocuparse de las rutinas infernales. Es por eso que todo el tiempo se encuentra en la búsqueda de nuevos pasatiempos y actividades con los que llenar sus días y ser un poco feliz. Porque claro está que Satán no es feliz, él conoce el peor de los castigos y los ángeles indiscretos aseguran que alguna vez fue víctima del mismo. Pero eso es historia para otra ocasión.
Uno de sus pasatiempos que ha perdurado en el tiempo, es el de dibujar líneas en el aire. A priori puede parecer algo bastante zonzo, aburrido. Pero no son líneas imaginarias las que dibuja, son líneas encantadas. No tiene una hora del día fija para dicha tarea, cuando quiere distenderse un poco, va a su habitación dónde guarda los pinceles y comienza a pintar el mundo.
Trazo tras trazo empiezan a surgir espirales, rectas, curvas de todo tipo. Lo único constante en las figuras que dibuja es que todas tienen un comienzo y un final (-el alfa y el omega- una deliciosa ironía por la cual siempre recibe chistes por parte de sus esbirros).
Estoy seguro que alguna vez ibas caminando por la calle concentrado en tus pensamientos, o estabas en un café leyendo un libro, o simplemente viajando a tu casa mirando los árboles pasar y tuviste la necesidad imperiosa de levantar la vista. Como si una fuerza imparable te empujara a mirar en cierta dirección. Seguro que no pudiste resistirlo, y tu mirada se deslizó a lo largo de curvas de lo más extrañas, en contra de tu voluntad, pero sin que puedas hacer nada para evitarlo. Y estoy aún más seguro que al final del recorrido encontraste una mirada que, casi que por arte de magia -infernal-, fue a terminar en la tuya.
También estoy seguro que más de una vez te quedaste sin poder salir de esa mirada, sin forma de escapar. Pero esto ya no es obra de Satán, su travesura se limita a tender la trampa. Después de todo, no quiere ser el único que conoce el peor de los castigos.
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