Había una chica, no tan chica, pero lo suficiente para ponerse triste en los colectivos. No es que haya sido en el único lugar en el cual se entristecía de vez en cuando, sin embargo sí era uno de los más curiosos. Siempre viajaba sola. Subía, se sentaba y observaba como uno a uno los pasajeros pasaban por su lado, y ninguno se sentaba.
Un día que pasaba por la plaza principal de la tierra de Abbe, vio al poeta Lad recogiendo margaritas y decidió acercársele. No mucho, claro está, Lad era famoso por enamorarse de toda doncella que se cruzara en su camino. Ella sólo tenía una pregunta.
-Por qué siempre viajo sola? Preguntó al poeta que la observaba en silencio, encandilado por el destello en sus ojos.
Lad, haciéndose un poco el sorprendido* por su pregunta dijo:
-Te pone triste?
-Si, así es. Cómo lo sabes?
-Tus ojos.
-Es cierto lo que dicen de vos ...
- Tenías una pregunta para mí, y yo tal vez tenga una respuesta para ti.
La niña sintió un poco de esperanza y lo escuchó atentamente. Lad dijo:
-No puedo explicarlo todo, pero si puedo decirte porqué los corazones sensibles no se sientan a tu lado. Al subir a un colectivo los corazones sensibles inspeccionan todos los asientos y sus pasajeros. Inclusive antes de pagar lo hacen, para tener tiempo de elegir dónde sentarse. Mentalmente hacen una lista, poniendo arriba las doncellas que más los intimidan -generalmente con su mirada, o con su actitud-, luego ponen los niños y finalmente otros caballeros y corazones sensibles que hacen cualquier cosa menos intimidar. Una vez que tienen la lista armada, eligen dónde sentarse empezando por la parte de abajo. De esa forma están seguros, o lo más seguros posibles. Entonces no estés triste cuando nadie se siente a tu lado, sólo lo hacen por amor.
*Lad ya la había visto cuando ella bajó del colectivo.
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