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El arte de vivir con Fe.


Innumerables explicaciones intentan aclarar porqué creemos o porqué decidimos creer. Pues, no existe humano que no crea en algo. 
Todos y sin excepción despejamos la incertidumbre, creyendo. Algunos creen en su familia, en palabras, en gestos; otros en personalidades (Dios), famosos y algunos más osados hasta creen en políticos y su honestidad. 
Podemos creer en la ciencia, en el cocimiento; propio o ajeno, podemos creer en vínculos metafísicos y energéticos. Podemos creer…
Igualmente, no interesa centrarse en el término “creer”, que no es más que cubrir la ignorancia natural con la suposición de un conocimiento pleno y cierto, sino en la Fe.
La Fe desde un punto de vista práctico-procedimental. Sabemos que lo que sabemos por la fe muchas veces es incomprobable, inverosímil, pero como principio inteligente y motor de la vida de los humildes importa una serie de afirmaciones aritméticas que permiten vincularla con la vida misma. 
Por ejemplo, y no resulta ilógico que; a menos posesiones (materialmente), más fe se asume. Existe una proporcionalidad matemática entre la carencia material y la fe (inmaterial). También aquí surge el término “felicidad”. Cuanto más fe se tiene (por aplicación de la sentencia anterior, mayor carencia), más felicidad se puede experimentar.
Sin embargo, circular por los extremos impide la percepción de las realidades. Por ello la carencia absoluta así como la opulencia inescrupulosa, dificultan sobremanera comprender la fe y por ende la felicidad.
La locución; “no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita”, viene aquí irremediablemente correcta.  
Vivir con Fe, tampoco es sencillo. Es un arte, y no es solo tener un propósito u objetivo.
La carencia incitará la fe, y esta impulsará la propia esperanza y renovación de cada día con la alegría de encontrarse desprovisto de todo. Así la vida se ve iluminada por la posibilidad de alcanzar un objetivo que bueno o malo mueve la materialidad de nuestro cuerpo espiritualizado.
Por ultimo. ¿Es importante en qué tener fe? La respuesta negativa se hace patente. No importa el objeto de fe, no interesa su realidad o fantasía. Lo único que favorece a una vida plena y con mayor sentido es tener fe en algo.
En realidad insisto, primero “debemos creer”, para luego tener fe. Pues esta es la fuerza que mueve al mundo, y es un sentimiento que nos apega a la vida.

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