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Anyway the wind blows...

Hace unos días le decía a un amigo:

Es como el viento. El viento se puede manifestar de distintas maneras. Las más comunes y por lo tanto más analizadas por la comunidad son, básicamenteel viento cálido y el viento frío.

Sin discernir entre sus velocidades podemos decir que el primero es un fenómeno de solo una
parte del año, el verano. Claro esta, debe ser de lo más incomodo que pueda aparecer en estas temporadas sofocantes y verdaderamente reprimentes para cualquier persona (salvo, y son excepcionales, los veraneantes vacacionales, a los cuales les importa tan poco eso como
alguna guerra en algún país de esos de Medio Oriente donde hablan moviendo mucho la lengua...).

Por otro lado, el viento frío, si bien prepondera en la época invernal, no se ve excento de su aparición en otras épocas del año.
El viento frío será, entonces, objeto de este texto. Y, justamente, será importante diferenciar entre la época del año en la que el fenómeno se hace presente.

Así podemos decir que en las épocas cálidas los vientos frescos son verdaderamente deliciosos para un servidor y cualquiera que al ver o escuchar en las noticias que la temperatura es algo así como: "sus lentes de contacto deberían estar derritiéndose en este momento" necesita de un alivio pronto.

El viento veraniego y fresco es el descanso, el solar (por más contradictorio que parezca) de un verano abatidor. La oportunidad de apagar el aire acondicionado, abrir las ventanas e imaginar que podría llegar una lluvia que calme la sed y sus efectos.

Lo malo de este viento es que, generalmente de un momento a otro, puede cesar devolviéndonos la desazón de que nada cambio al fin y que el verano nos puede continuar torturando y a nuestra cuenta de electricidad.

Otro efecto que puede tener es el antes mencionado: una lluvia, pero, experimentalmente luego del viento y la lluvia, se desprende la tormenta que tan al acecho estaba entre las nubes esperando un atisbo de descuido de nuestra parte.

Es que el viento fue tan agradable, nos ayudo a detener el infierno terrenal, nuestro infierno terrenal, tu infierno en la tierra, ese que parecía ser eterno, sin escapatoria y que al final nos deparaba más problemas. Te engañó.

El viento del verano (ese que parecía tan perfecto y adecuado) trajo alivio solo hasta que te diste cuenta de que tu pequeña primavera, dentro de algún escenariocuasi dantesco, estaba terminada. Y no solo eso, sino que hasta ser peor: podría, quizás comenzar
la tormenta en tu cielo, ese que aunque gris, veías complacido aun cuando sabías que iba a terminar mal.

Entonces, ¿por qué si sabias que no era la mejor solución buscabas con tu mirada y demás sentidos al viento? Bueno, por alivio, obviamente, pero sabias que no iba a ser para siempre. Entonces ¿para qué molestarse?. ¿Qué sentido tenía imaginar un viento apacible, eterno? Eso no iba a pasar y no va a pasar.

Personalmente creo que el viento se lleva bien con el otoño. Se conjugan hechos poéticos que desde mi perspectiva, y de más esta decirlo, jamas podría dilucidar ni mostrárselos a ustedes mediante palabras. Es algo hipnotizante el desfile de hojas amarillas, asperas y crujientes.

Sin duda alguna al viento le conviene más esa época del año, donde puede moverse tranquilamente, donde no molesta a nadie, solo a los pobres que dejan alguna ventana abierta o a algún servidor público cuya montaña de deshechos arbóreos ha sido desmantelada por el movimiento eólico. En esa época el viento es lo usual, lo correcto.

De todas maneras, y más que nada en esta parte del mundo, el otoño es una gran época. Casi que no es invernal ni veraniega, tiene un poco de todo y aún el calentamiento global no nos ha golpeado tanto, a pesar que a veces tenemos lluvias en abril y heladas en mayo, sigue siendo la
zona templada del año.

A veces, eso es lo que necesitamos, no? O sea, a mi entender es algo neutral. El momento en que muchas cosas están en equilibrio.
Por lo tanto, deberíamos creer que un poco de viento en esa época sería más razonable. Lo esperamos pero no lo ansiamos tanto. Sabemos que llegará en cualquier momento, no tenemos que mirar por la ventana o esperar que nos golpee la cara.

El viento viene a nosotros en el momento que lo debe hacer, sino puede darnos un golpe fuerte y en cuando nos deje todo vuelve a ser como antes o peor.

Solo hay que saber esperarlo. Aunque, de todas maneras, el viento siga soplando...

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