Fueron los gigantes quienes lograron poner un fin a la guerra del cristal. Por aquellos tiempos la reina se había refugiado en su tierra, ya que era el único lugar dónde los asesinos mágicos no se animaban a irrumpir. De hecho, ya muchos lo han olvidado, pero los gigantes eran prácticamente inmunes a la magia. Luego del sacrificio de muchos caballeros la reina consiguió todo lo necesario para volver al castillo y enfrentar su némesis. Sin embargo esto no iba a ser una tarea fácil, ya que el camino era largo y peligroso. Absolutamente todas las criaturas oscuras estaban esperando ese momento de vulnerabilidad para atacar.
Fue entonces cuando el líder de los gigantes -cuyo nombre es impronunciable en nuestro idioma- decidió que ellos iban a marchar protegiéndola hasta el castillo. Y más que una marcha, iba a ser un peregrinaje, un peregrinaje personal, ya ella era sagrada para él. Los gigantes cerraron filas y comenzaron su viaje a la capital. La reina iba sentada en el hombro derecho del líder, al final de la caravana. El viaje fue duro y cruel, las criaturas oscuras los asediaron y atacaron sin descanso, matando a la gran mayoría de los gigantes. Sin embargo el último de ellos sólo murió luego de dejar a la reina en la puerta de su castillo.
Fue un gran sacrificio, y en honor a semejante empresa, es que se comenzó a celebrar todos los meses el juego o deporte conocido como "Peregrinaje de gigantes". En el mismo participaban dos equipos formados por la misma cantidad de jugadores llamados defensores y una doncella representando la reina. El juego se desarrolla en un rectángulo bastante largo, y el terreno puede variar. Los equipos comienzan en los extremos opuestos del rectángulo y su objetivo es llevar la reina al otro lado, mientras tratan de detener a la reina del otro equipo.
Existían distintas versiones del mismo deporte, en algunas los jugadores eran hombres y luchaban con espadas y escudos, en otras los jugadores eran invocaciones mágicas que luchaban a muerte de acuerdo a la merced de sus invocadores, y por supuesto la versión para niños, dónde se arrojaban pequeños globos de agua.
Deeza amaba todas las versiones, aunque tenía especial debilidad por la versión mágica. Esto era algo bastante extraño por aquellos días, ya que la magia era una práctica cada vez menos común. Y al alejarse la gente de la magia, también lo hizo de las antiguas costumbres, y el peregrinaje de los gigantes era una de esas. Sin embargo a ella no le importaba lo que todo el mundo pensaba, ella sólo quería ir a la arena de los gigantes, invocar sus criaturas y sumergirse en ese mundo tan especial para ella. Abbe, nunca terminó de entender porqué ella amaba tanto aquél viejo deporte, sin embargo de algo estaba seguro, y esto era que su amor por él era del tipo más puro e incondicional. Era un amor inmaculado y perfecto.
Y si lo único que había quedado del sacrificio de los gigantes era ese amor de Deeza, Abbe estaba seguro que los gigantes hubieran estado satisfechos.
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