Lad tenía un poder extraño. Extraño incluso en las tierras de Abbe. Lo tenía desde el día de su nacimiento y sin embargo fue recién en su adolescencia cuando comenzó a utilizarlo con mayor frecuencia. Había semanas que lo usaba casi todos los días, otras las pasaba sin siquiera usarlo una vez. Cualquiera fuera el caso, siempre lo usaba sin saberlo, de manera inconsciente.
Además de un gran poder Lad tenia una terrible maldición encima. Pero en este caso Lad era bien consciente de su situación. Lad era un enamorado de la vida, y cuando digo de la vida me refiero a todo. Lad se enamoraba del día, del sol, de algunas estrellas. Se podía enamorar de su trabajo, incluso ha llegado a enamorarse de sus errores algunas veces. Pero, si bien esto no es un problema en sí, complicaciones aparecían cuando el objeto de su afecto eran las doncellas que habitaban sus días.
Lad se enamoraba de todas y cada una de las doncellas que se cruzaban por su camino. El veia en todas "algo", y ese algo le quitaba el sueño por las noches. Muchas veces todo lo que conocía de ellas era sólo ese "algo", o incluso menos. Sin embargo no necesitaba conocer más, lo que faltaba él lo completaba, y he aquí que residía su gran poder: Lad podía inventar doncellas perfectas.
Fue recién cuando se encontraba en la academia de alquimistas que logró darse cuenta del gran poder que tenía. Desde ese momento Lad pasó noches enteras tratando de dominarlo. Por las tarde se sentaba en las plazas y miraba a las doncellas que pasaban, tratando de inventarlas perfectas a su antojo. Algunas veces sólo necesitaba una foto, y el ponía el resto. Con el tiempo ya era capaz de inventar doncellas perfectas incluso a partir de sólo su nombre.
Como en todo, la práctica hizo al maestro, y Lad logró dominar su gran poder. Aún no se había graduado de la academia y ya tenía un pequeño puesto en el mercado local. El tenía intenciones de montar un gran negocio alrededor de su poder. Pero, como generalmente pasa en la tierra de Abbe, las cosas no salieron como había planeado. Su poder tenía un gran defecto, un gran problema, que por estar encerrado en sí mismo tratando de dominarlo, lo había pasado por alto. ¿No es así?
Además de un gran poder Lad tenia una terrible maldición encima. Pero en este caso Lad era bien consciente de su situación. Lad era un enamorado de la vida, y cuando digo de la vida me refiero a todo. Lad se enamoraba del día, del sol, de algunas estrellas. Se podía enamorar de su trabajo, incluso ha llegado a enamorarse de sus errores algunas veces. Pero, si bien esto no es un problema en sí, complicaciones aparecían cuando el objeto de su afecto eran las doncellas que habitaban sus días.
Lad se enamoraba de todas y cada una de las doncellas que se cruzaban por su camino. El veia en todas "algo", y ese algo le quitaba el sueño por las noches. Muchas veces todo lo que conocía de ellas era sólo ese "algo", o incluso menos. Sin embargo no necesitaba conocer más, lo que faltaba él lo completaba, y he aquí que residía su gran poder: Lad podía inventar doncellas perfectas.
Fue recién cuando se encontraba en la academia de alquimistas que logró darse cuenta del gran poder que tenía. Desde ese momento Lad pasó noches enteras tratando de dominarlo. Por las tarde se sentaba en las plazas y miraba a las doncellas que pasaban, tratando de inventarlas perfectas a su antojo. Algunas veces sólo necesitaba una foto, y el ponía el resto. Con el tiempo ya era capaz de inventar doncellas perfectas incluso a partir de sólo su nombre.
Como en todo, la práctica hizo al maestro, y Lad logró dominar su gran poder. Aún no se había graduado de la academia y ya tenía un pequeño puesto en el mercado local. El tenía intenciones de montar un gran negocio alrededor de su poder. Pero, como generalmente pasa en la tierra de Abbe, las cosas no salieron como había planeado. Su poder tenía un gran defecto, un gran problema, que por estar encerrado en sí mismo tratando de dominarlo, lo había pasado por alto. ¿No es así?
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