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La cofradía de los piratas gentiles

-El agua salada salpicaba mi rostro y el viento enmarañaba mi cabellera tapándome los ojos. Mi corazón galopaba en mi pecho, y me sentía listo para saltar, luchar contra todos los que se pusieran en mi camino y tomar el barco.
Sin vacilar, Jean saltó a una mesa volteando todas las jarras de cerveza y comenzó a realizar pasos de combate blandiendo una espada invisible mientras todos los demás clientes de la taberna aplaudían su historia. Historia que era repetida casi todos los fines de semana, especialmente cuando el bar se encontraba lleno. Jean adoraba la aprobación de sus oyentes.

Abbe estaba bastante cansado de sus historias por ello se sentaba en la última mesa del fondo, al lado de un pequeño cofre que adornaba el sombrío lugar. Abbe tenía una tarea muy difícil tratando de entender que extrañaba tanto Jean, porqué no podía dejar atrás la desaparición de la cofradía de los piratas gentiles. Según le había contado el mismísimo Jean, eran un grupo de personas que se dedicaban a navegar los 4 mares distópicos abordando y saqueando todo barco que se cruzara en su camino. Al principio se llevaban todo lo que encontraban de valor: joyas, dinero, especias, cartas de amor, recuerdos de la niñez e incluso la ropa de sus víctimas.
Esto no duró mucho, un día una joven les dijo que si se llevaban su ropa, ella se podría enfermar ya que era invierno y en los mares hacía mucho frío. El grupo de piratas se reunió, y -como eran de buen corazón- decidieron devolverle la ropa a la joven y a todos los demás pasajeros. Ella les agradeció efusivamente y les dijo que eran muy gentiles.
No pasó mucho tiempo desde este hecho hasta que los piratas encontraron otra situación que los puso en aprietos. Acababan de tomar un velero de grandes proporciones, cuando se acerca una de las pasajeras del velero y les dice:
-Por favor, no se lleve esa caja. Todo lo que tengo está allí.
Uno de los piratas se asomó para ver el interior de la misma y se encontró con algunas fotos amarillas de una adolescente riendo en una hamaca y un par de cartas de amor, que todavía conservaban lágrimas sin derramar.
-Pero señora, entiéndame, sino me llevo las cartas de amor y las fotos nos quedaríamos prácticamente sin botín.
La mujer sólo lo miro con sus ojos llenos de lágrimas, y no dijo nada más. El pirata llamó a sus camaradas y luego de una reunión decidieron dejar de llevarse las fotos y cartas de amor.

Estos hechos se siguieron sucediendo, y -cómo los piratas eran de buen corazón- cada vez se llevaban menos cosas, hasta que un día decidieron no llevarse más nada. En el fondo, lo que realmente amaban era la adrenalina del abordaje.
Con el tiempo se corrió la noticia que los piratas ya no robaban, sino que simplemente abordaban el barco y una vez tomado lo devolvían. Esto hizo que la gente ya no les huyera, sino que en muchos casos colaboraban un poco con ellos. Les acercaban el barco, los guardias casi que no oponían resistencia, las mujeres gritaban para agregarle melodrama a la situación y muchas otras cosas por el estilo. Con el tiempo comenzaron a llamarlos los piratas gentiles y se convirtieron incluso en el objetivo de los turistas que visitaban las tierras de Abbe.
Cada vez los barcos se resistían menos a los piratas, hasta que dejaron de resistirse totalmente. Esto hizo que los piratas perdieran el interés en abordarlos, y con el tiempo se fueron retirando de a uno. Jean fue el último de ellos.
Abbe ignoraba que había sido de la vida de los otros, pero estaba seguro que Jean por las noches derramaba alguna lágrima en honor a las andanzas de los piratas gentiles.

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