Todo sucedió por accidente. Volvía una noche de cenar con unos colegas de la asociación de poesía cotidiana. Iba caminando por una calle oscura iluminada solamente por un deteriorado farol en la esquina. Hacía frío, lo recuerdo porque llevaba mis manos en los bolsillos y podía ver el vapor emergiendo de mi boca en cada suspiro. Casi sin darme cuenta miré hacia una ventana de la cual emergía una tenue luz, y sobre ella se recortaba una extraña silueta. Tan extraña que no pude vencer mi curiosidad y me acerqué un poco a la ventana para ver mejor. Lo hice lentamente, y sin hacer ruido, no quería que me descubrieran y me acusaran de acechador. Una vez me encontré bajo la ventana me asomé y mis ojos conocieron el origen de esa extraña silueta. Era una mujer -muy bella si me dejan acotar- que se encontraba preparándose para ir a dormir. Su figura era casi totalmente perfecta, salvo por un detalle, no muy pequeño: tenía nariz de avión. Sí, nariz de avión, sobre su rostro inmaculado se erigía una gran nariz gris con detalles en verde. Esto es entendible, ya que su nariz era de un avión de combate, probablemente de la época de la segunda gran guerra.
Entre mi fascinación y miedo golpee sin querer el borde de la venta. Al oír esto la mujer miró hacia dónde yo estaba. Contrario a mis expectativas, no gritó pidiendo ayuda, sino que se acercó rápidamente a la ventana y me susurró:
-Vete rápido. Me has visto! Si ELLOS se enteran, será tu fin.
Yo no deseaba irme, había algo acerca de su nariz que me intrigaba profundamente. Le pedí por favor que me explicara, que no deseaba irme. Al cabo de rogarle varias veces ella accedió a dejarme entrar por la ventana siempre y cuando prometiera no hiciera ruido.
Me escabullí suavemente por la ventana hasta el interior de su habitación y allí fue dónde ella me contó la verdad sobre la gente con nariz de avión:
-Algunos nacemos con nariz de avión. No sabemos bien porqué, pero si sabemos bien las consecuencias que trae. Imaginatelo, ver toda tu vida como si estuvieras efectivamente arriba de un avión. ¿Qué es lo más natural que querrías hacer?
-Volar. Contesté sin pensar.
-Exacto! Tenemos todo para sentir que podemos hacerlo, sin embargo, sólo es eso. Sólo una nariz. Una nariz que te hace pensar algo que no es. Una nariz que nos hace pensar que podríamos volar con sólo correr un poco, y sin embargo jamás ninguno de nosotros ha podido hacerlo.
-Pero no es nada terrible, todos en algún momento nos vemos frustrados por algo.
-Si que lo es. Antes salíamos a la calle con nuestras narices, y la gente se reía y burlaba de nosotros. Esto hizo que con el tiempo comencemos a maquillarnos más y más hasta ocultarlas completamente. Pero no todos eligieron el camino pacífico, muchos de nosotros han jurado odio eterno a los de tu clase. Y todos los días hacen efectivo ese odio. Si se enteran que has descubierto nuestra existencia seguramente te perseguirán hasta cobrarse tu vida. Y ahora sí, debo perdirte dos favores: escribe esto que te he relatado para que el mundo sepa de nuestra existencia y del mal que hacen muchos de nosotros y por último debo pedirte que te vayas.
Yo decidí escribir su relato y guardarlo junto a mi testamento, ya que temía que, si el mundo descubría la verdad, la gente con nariz de avión tomaría represalias. Ese fue el único favor que le concedí.
Entre mi fascinación y miedo golpee sin querer el borde de la venta. Al oír esto la mujer miró hacia dónde yo estaba. Contrario a mis expectativas, no gritó pidiendo ayuda, sino que se acercó rápidamente a la ventana y me susurró:
-Vete rápido. Me has visto! Si ELLOS se enteran, será tu fin.
Yo no deseaba irme, había algo acerca de su nariz que me intrigaba profundamente. Le pedí por favor que me explicara, que no deseaba irme. Al cabo de rogarle varias veces ella accedió a dejarme entrar por la ventana siempre y cuando prometiera no hiciera ruido.
Me escabullí suavemente por la ventana hasta el interior de su habitación y allí fue dónde ella me contó la verdad sobre la gente con nariz de avión:
-Algunos nacemos con nariz de avión. No sabemos bien porqué, pero si sabemos bien las consecuencias que trae. Imaginatelo, ver toda tu vida como si estuvieras efectivamente arriba de un avión. ¿Qué es lo más natural que querrías hacer?
-Volar. Contesté sin pensar.
-Exacto! Tenemos todo para sentir que podemos hacerlo, sin embargo, sólo es eso. Sólo una nariz. Una nariz que te hace pensar algo que no es. Una nariz que nos hace pensar que podríamos volar con sólo correr un poco, y sin embargo jamás ninguno de nosotros ha podido hacerlo.
-Pero no es nada terrible, todos en algún momento nos vemos frustrados por algo.
-Si que lo es. Antes salíamos a la calle con nuestras narices, y la gente se reía y burlaba de nosotros. Esto hizo que con el tiempo comencemos a maquillarnos más y más hasta ocultarlas completamente. Pero no todos eligieron el camino pacífico, muchos de nosotros han jurado odio eterno a los de tu clase. Y todos los días hacen efectivo ese odio. Si se enteran que has descubierto nuestra existencia seguramente te perseguirán hasta cobrarse tu vida. Y ahora sí, debo perdirte dos favores: escribe esto que te he relatado para que el mundo sepa de nuestra existencia y del mal que hacen muchos de nosotros y por último debo pedirte que te vayas.
Yo decidí escribir su relato y guardarlo junto a mi testamento, ya que temía que, si el mundo descubría la verdad, la gente con nariz de avión tomaría represalias. Ese fue el único favor que le concedí.
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