Bitácora del capitán, día 3:
Siguiendo el consejo del árbol, nos adentramos en el bosque en la búsqueda de las tortugas. Luego de caminar varias horas llegamos a otro claro, en el medio del cual había un gran estanque de agua. El agua cristalina permitía ver casi hasta el fondo del mismo. Alrededor había decenas de tortugas ensimismadas en sus actividades, sin notar nuestra presencia.
Cerca nuestro una de bufanda amarilla jugaba una partida de ajedrez con otra que se veía un poco más vieja. Aunque tal vez era mi impresión debido a la boina gris que llevaba. Un poco más a la derecha había una ronda con libros en la mano. Por lo poco que pude escuchar, estaban discutiendo sobre pintores renacentistas. Detrás de ellos dos tortugas más pequeñas buscaban la forma de remontar un barrilete (es algo muy difícil de hacer para las tortugas). Hacia donde mirara podían verse cuadros similares.
Entre todas ellas logré ver una que resaltaba del resto. Tal vez por su color y tamaño, era bastante más grande que las otras y su piel tenía un tono rojo intenso. Gretta, así es cómo dijo llamarse, nos explicó que cualquiera de las tortugas podía guiarnos a vos, dónde sea que estés, y podía ayudarnos a sacarte de la burbuja que te tenía prisionera. El único problema es que sólo disponíamos de un día más antes que el viento soplara otra vez y te alejara de la isla. Y ellas son tortugas, no corren, por lo que el viaje hasta vos, les iba a llevar por lo menos dos días. Estuvimos toda la tarde tratando de encontrar al forma de viajar más rápido. Llevarlas alzadas era imposible debido a su tamaño, tampoco teníamos materiales para construir transportes. Las opciones se nos iban escapando una a una, hasta que pude observar por sobre el hombro de Gretta un grupo de tortugas moviéndose a una velocidad poco común para ellas.
-Es el vals. Dijo Gretta.
-No pueden correr, sin embargo si pueden bailar a esa velocidad?
-Si, es la principal contradicción de las tortugas, todo el mundo lo sabe. No podemos correr, pero si tenemos una gran agilidad para el vals.
En ese momento Gretta tuvo la idea más extraña que había escuchado en mi vida. Tardó un poco en hacernos entrar en razón de que realmente podía funcionar, pero no teníamos tampoco alternativas. Pasamos toda la tarde ensayando, y ya tenemos todo listo, cuando la luna llena ilumine los senderos, cruzaremos el bosque hacia ti, bailando un bello vals con tortugas.
Sólo espero cuando nos volvamos a ver, me concedas un vals, bajo la luz de esta misma luna.
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