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Historia de los cuatro días: Las palabras que no fueron dichas

Bitácora del capitán, día 2:
La segunda noche de búsqueda fue aún peor que la primera. Ya casi no teníamos bengalas, y el viento soplaba cada vez menos. El lucero del alba derrocó las sombras, pero no la angustia de tu ausencia.

Cuando pensábamos lo peor, un golpe de suerte, o tal vez el destino, hizo que llegáramos a una pequeña isla, con una pequeña playa rodeada de un no tan pequeño bosque. En ese momento el viento dejó de soplar. Organicé un grupo y desembarcamos en la playa aparentemente desierta.

Combatir con algunos jinetes carmesí en la playa no fue nada en comparación con lo que encontramos dentro del bosque. Fue como si la magia de la burbuja hubiera encantado todo el lugar. Los animales caminaba erguidos y dialogaban como las personas más cultas que he conocido. Luego de pedirle direcciones a un par de conejos ansiosos, llegamos a un claro. En el medio del mismo se levantaba un gran árbol.

-Necesitamos ayuda! No has visto una burbuja?. Pregunté sin siquiera saludar.

Luego de realizar algunos ruidos extraños, y moverse muy lentamente el árbol contestó

-Mmmm, qué tipo de burbuja?

-De esas que encierran adorables princesas en apuros.

-Mmm, tal vez he visto una. Depende...

-No juegues conmigo, necesito encontrarla! Repliqué molesto.

-Es acaso TU amiga?

-No, no exactamente. No es mía.

-Es TU prometida?

-Que no!, ya te he dicho que no es mía.

-Entonces de quién? A quién ha sido prometida?

-A nadie, no es de nadie. Detesta los posesivos, y confía en mi... no quieres verla molesta.

-Mmmm, entonces porqué la buscas? Acaso la quieres?

-Es un comienzo decir eso.

-No me interesan los comienzos, pero si los finales. Si no me dices que sientes por ella, no te ayudaré.

Claramente no podía decirle que sentía. No podía decírselo, porque jamás se lo había dicho a ella. Pero el árbol no iba a entender. Me acerqué a su corteza y susurré las palabras que no fueron dichas antes. El árbol, sonrió gentilmente y me dijo que había visto pasar la burbuja, dirigíendose al centro de la isla. Me recomendó preguntarle a las tortugas y me indicó cómo encontrarlas.

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