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Simple

Te acordás cuando el mundo era simple? Cuando si querías a alguien, lo abrazabas. Un enojo se arreglaba hablando y no sabías nada del despecho. Si deseabas algo, lo decías. Sin miedos. Si hacías algo, era por gusto. El mundo en sí, no importaba. Teníamos nuestro mundo, con sus reglas, sencillas e imperfectas.  Sabés que? El mundo sigue siendo igual de simple.
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La chica en la vereda

Pensarla, pensarla, pensarla. No sólo es lo que más hacía, también es lo que más disfrutaba hacer. La pensaba a toda hora, desde que abría los ojos por la mañana, hasta que caía cansado por las noches. Pensarla, no era un esfuerzo para Vlad, no importaba el lugar, la hora, el frio o el calor. Ella siempre estaba allí.  Un día como cualquier otro de otoño, la pensó tanto... tanto... que estiró su mano y pudo tocarla. La tomó con fuerza, primero de una mano. Al ver que ella ofreció la otra, la agarró con seguridad y tiró. Tiró como nunca en su vida, tiró con todo el dolor que significaba, tiró con la promesa de la paz por venir. No fue una tarea sencilla, pero tenía por fin la posibilidad de quitarla de su cabeza. Por fin iba a poder pensar en otras cosas, más mundanas, terrenales, que duelan menos. Al fin y al cabo eso es lo que todos quieren, evitar el dolor. Vlad nunca supo de dónde sacó la determinación que tuvo ese día, pero después de un esfuerzo monumental, ella se deslizó fue...

El amor en 3 escalones

Nina estaba sentada en el segundo escalón. Brillaba, con una sonrisa que era imposible de ocultar. De esas sonrisas que te dificultan hablar, de esas sonrisas que no se pueden ocultar ni en el más recóndito lugar del mundo. Sus manos pequeñas e inquietas parecían bailar con la cadencia de su voz. Hablaba al chico del primer escalón, y lo miraba, lo miraba como si no existiese nada más en el mundo que Juan. Cada palabra que pronunciaba, llevaba oculto un un sinfín de sensaciones, deseos que temía nunca poder sentir. Vlad, en el tercer escalón. Estaba en una posición privilegiada para observarla. Su silencio era testigo de toda la magia que existía en el mundo. No había nada que decir, no había nada que pudiera hacer ese lugar mejor. Ni siquiera era consciente de su anhelo de un ínfimo cruce de miradas, aunque sea de cortesía. En el primer escalón, Juan. Tranquilo, con la mirada serena y alguna sonrisa ocasional. Pero su cabeza estaba en otro lado. Observaba por momentos ese ser perfec...

El balcón de los suspiros - El primer desencuentro

De entrada debo corregirme, o mejor dicho aclarar. No existe sólo un balcón de los suspiros, sino que, como todas las cosas buenas de la vida, vienen siempre de a pares. Dichos balcones son difíciles de identificar a simple vista. De lo único que podemos estar seguros es que, si encontramos uno, el otro seguro está a la vista. Esta es una de sus propiedades fundamentales. Ahora que ya hemos aclarado algunas cuestiones respecto a su unicidad, podemos proseguir a discutir qué tienen de especial dichos balcones. La explicación no es simple, e involucra una gran cantidad de factores muy diversos. Por ello creo que es mejor ilustrar los efectos con el caso de Juan y Nina. La primera vez que Juan estuvo en el balcón fue durante su búsqueda de departamentos para alquilar Nina llevaba más de 6 meses contemplando la ciudad desde el suyo. Siempre sintió curiosidad por aqué viejo balcón vacío Lo primero que hizo al lle...

Un sistema solar de bolsillo

- Has visto alguna vez un sistema solar de bolsillo? - ¿Cómo de bolsillo? Es imposible, ningún sol con sus planeta cabrían en un bolsillo . Al menos de los que conozco yo. - Es una metáfora. Dijo Abbe sonriendo. - ¿Lo del sistema solar? - No, eso no. La parte del bolsillo. Juan lo observó por unos instantes en silencio, intentado buscarle algo de sentido a lo que acababa de escuchar. Abbe al ver el rostro confundido de su amigo prosiguió. - Son sistemas solares pequeños, pero no tanto como par entrar en un bolsillo. Aunque si suelen caber en habitaciones, cafés, bares e incluso en algunos monoambientes. En su centro, siempre un sol. A veces brillante con la luz de mil corazones, otras oscuro, casi sin luz. Lo cierto es que los planetas que la lo orbitan siempre brillan menos, y a menudo, ignoran que son parte de un minúsculo sistema solar dentro de una pequeña galaxia perdida entre el océano infinito de estrellas. - Creo que nunca vi uno. Afirmó Juan con seguridad. - Qué suer...

La pregunta de las mil vidas

Si es cierto que tenemos mil vidas posibles allí afuera. Si es cierto que cada decisión nos aleja de una de ellas y nos acerca a otra. La única pregunta fundamental que tiene sentido hacernos es: ¿Acaso existe un amor por cada una de ellas? ¿O es que el amor de las mil vidas es siempre el mismo?

LLuvia

Lo bello de la lluvia radica en que es tan efímera y eterna a la vez. A veces suave e inesperada como una lágrima de verano, otras violenta y constante como una poderosa tormenta. Siempre termina, y siempre vuelve a empezar. Las personas, tristemente, sólo somos lo efímero. Nos encendemos y extinguimos como esas gotas de lluvia que se deslizan inocentes en el vidrio de tu ventana. Ignorantes de su destino. Y son sólo esos breves instantes, mientras nos deslizamos, todo lo que tenemos. Todo lo que podemos amar, reir, llorar, abrazar... brillar. Y todo lo que no decimos, todo lo que no hacemos es tiempo que nunca existió. Porque cuando acaba la lluvia, ya nada más importa. Sólo fuimos unas gotas melancólicas en el vidrio de algún café.