Vi la lluvia y tuve que salir de mi prisión. Estiré mis extremidades despertando del letargo de la inmortalidad. Sólo lo azul me rodeaba, y alguna que otra estrella que aún no había colapsado. Mi existencia condiciona todas las demás, pero mi ausencia... simplemente sería la de todos. Como muchas otras veces vi la lluvia como si la tuviese delante mio. Pero al igual que todas las otras, nunca pude llegar a ella. Aunque tampoco puedo decir que alguna vez fui algo distinto a ella. Volé, si es que se puede llamar así, sobre las estrellas y los mundos, pasados presentes y futuros... Sobre todas las razas que existen aquí, hasta llegar a ese pequeño mundo en dónde aún llovía. Y con una luz rasgando los cielos anuncié mi llegada. Me posé en el medio del firmamento para sentir las pequeñas gotas de agua correr sobre mi cuerpo, pero por supuesto, no sucedió... sólo podía ver la lluvia, jamás tocarla. Como la arena no puede distinguirse de sí misma, yo no pude tocar la lluvia. Cuan...