-Estúpido mortal. Piensas que puedes interponerte en su camino? Nada detiene al huracán, serás arrastrado hasta los confines del cielo y luego arrojado a los infiernos. Déjalo pasar, déjalo galopar con su irrefrenable determinación por las gélidas tierras. Nada detiene los huracanes en un lugar. Ni siquiera tu pueril noción de valentía. Toma tu escudo, tu espada de madera y vete de aquí. -Eres muy cobarde para ser un hombre sabio. Hay algo que tú no sabes de los huracanes y que yo apenas sospecho. -Y qué es eso? -Que en sus ojos hay calma. -"Sus" ojos? Los huracanes sólo tiene un ojo. Lamento tu ignorancia. -Y a mi me entristece la suya.