Tres veces en mi vida pensé que ciertas cosas eran “ para siempre ”, y como lección del destino casi al mismo tiempo que pronunciaba su perpetuidad; las perdía, se desvanecían. La fantasía de un tiempo perpetuo es la exigencia de todo artista perezoso, y a los humanos no nos interesa saber por qué lo efímero de los bienes se aprecia más en su ausencia. No tenemos nada, y nada es lo único propio pues todo lo demás es añadido. Poseer es ausencia, es el simple color de una rosa, que siendo blanca, negra o roja no deja de ser rosa; y como tal su color es efímero pero no así su propia forma. No somos más que lo que nuestra propia forma dice que somos; nuestro pensamiento, nuestra esencia; lo demás es añadidura. Sin embargo hay cosas que un vulgar ladrón no arroja a la basura luego de apropiárselas. Así cual ladrón de billeteras, sentí un frío inexplicable al sentirme víctima de mi propio vicio. Fui quitado en mis bienes. De un bien que nunca aprecié, que nunca quise, que nunca resp...