La calurosa sensación sobre la túnica de la barriga es el espacio de insatisfacción que sólo ingerir logra complacer. Sentir y no más que eso es la razón de la espera. Es el paso del tiempo quien lleva hacia la irreversible decisión de caer en la displicencia de una cena simple. ¿Cuán difícil es tomar la decisión equivocada? Así de simple como atinar en la elección adecuada. Una cuestión de suerte guía el desnudo movimiento del devenir. Morder aquí o morder allí. Ruleta rusa de decisiones cargadas de consecuencias inesperadas pero predichas. Cada yerro instintivamente atractivo a nuestra condición, cada equivoco consecuencia de movimientos programados por una especie dócil que intenta fatalmente superarse, y de suyo tropieza con la satisfacción plena sin oblación. Sólo abrir la boca y engullir la apoteosis de la exquisitez. El sabor de la presa fácil incitando y colmado las papilas de un dócil sobreviviente. Resulta natural que algunos placeres generen peque...