Hoy compartí colectivo con el Diablo. Se subió apenas cruzamos Juan B. Justo. Iba de vestido negro y sonrisa carmesí. Creo que le saqué un buen precio por mí alma. La negociación fue dura pero breve. Se bajó apenas doblamos en Álvarez Thomas. El colectivo hizo dos cuadras y Satán volvió a subir. Esta vez iba de jeans y sonrisa peligrosa. No me preocupé al verlo de nuevo, ya que no tenía más alma que empeñar. Eso no lo detuvo en su empresa, por algo es el Diablo. Terminé comprometiendo el alma de mi próxima vida. También creo que fue un buen negocio, sin embargo ya deseaba que el viaje llegara a su fin. No podía tolerar un regateo más. Se bajo llegando al cruce de los suspiros. Me senté atrás de todo, sólo por si acaso decidía volver. Y así fue, subió otra vez. Esta vez iba de tacos y minifalda, pero no fue directo hacia mí. Se detuvo a conversar con algunos pasajeros antes (supongo que decidió aprovechar el viaje). Dos cuadras antes de bajarme se me acercó como quien sabe que ...