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Mostrando entradas de 2019

Un sistema solar de bolsillo

- Has visto alguna vez un sistema solar de bolsillo? - ¿Cómo de bolsillo? Es imposible, ningún sol con sus planeta cabrían en un bolsillo . Al menos de los que conozco yo. - Es una metáfora. Dijo Abbe sonriendo. - ¿Lo del sistema solar? - No, eso no. La parte del bolsillo. Juan lo observó por unos instantes en silencio, intentado buscarle algo de sentido a lo que acababa de escuchar. Abbe al ver el rostro confundido de su amigo prosiguió. - Son sistemas solares pequeños, pero no tanto como par entrar en un bolsillo. Aunque si suelen caber en habitaciones, cafés, bares e incluso en algunos monoambientes. En su centro, siempre un sol. A veces brillante con la luz de mil corazones, otras oscuro, casi sin luz. Lo cierto es que los planetas que la lo orbitan siempre brillan menos, y a menudo, ignoran que son parte de un minúsculo sistema solar dentro de una pequeña galaxia perdida entre el océano infinito de estrellas. - Creo que nunca vi uno. Afirmó Juan con seguridad. - Qué suer...

La pregunta de las mil vidas

Si es cierto que tenemos mil vidas posibles allí afuera. Si es cierto que cada decisión nos aleja de una de ellas y nos acerca a otra. La única pregunta fundamental que tiene sentido hacernos es: ¿Acaso existe un amor por cada una de ellas? ¿O es que el amor de las mil vidas es siempre el mismo?

LLuvia

Lo bello de la lluvia radica en que es tan efímera y eterna a la vez. A veces suave e inesperada como una lágrima de verano, otras violenta y constante como una poderosa tormenta. Siempre termina, y siempre vuelve a empezar. Las personas, tristemente, sólo somos lo efímero. Nos encendemos y extinguimos como esas gotas de lluvia que se deslizan inocentes en el vidrio de tu ventana. Ignorantes de su destino. Y son sólo esos breves instantes, mientras nos deslizamos, todo lo que tenemos. Todo lo que podemos amar, reir, llorar, abrazar... brillar. Y todo lo que no decimos, todo lo que no hacemos es tiempo que nunca existió. Porque cuando acaba la lluvia, ya nada más importa. Sólo fuimos unas gotas melancólicas en el vidrio de algún café.

De vidas e ilusiones

¿Y si el berretín de la mil vidas se  basa en una mera ilusión? ¿Y si todo es producto de la más incorrecta de las conjeturas? ¿Si en realidad hay una sola, sin importar el camino que tomes? ¿Acaso es la vida como una fuerte corriente, como un caudaloso río, que sin importar hacia dónde se nade, siempre se acaba en su desembocadura?

Algo terriblemente simple

Ayer por la noche volvía cansado a mi viejo árbol. La reunión de la cofradía me había dejado sin ideas, ni intenciones de buscar alguna. Sólo quería llegar y tirarme a dormir bajo las estrellas, como todas las noches. Me sentía abatido, sin ganas y el subterráneo no llegaba nunca. Subí al último vagón casi que arrastrando los pies, lamentándome por todos los males del mundo. Y lo ví.  Una guitarra, empuñada por un trovador, que rompía el silencio al ritmo de "Mi Enfermedad". Lo curioso no fue esa imagen, que a veces resulta cotidiana. Lo que rompía la realidad era que el trovador era feliz. Feliz de una forma que no se puede poner en palabras, feliz con su guitarra, cantando lo que sentía, lo que quería. Sonriendo como si el mundo fuera perfecto, como si todos los males que me hacían lamentar, no fueran realmente tan importantes.  Me bajé del subterráneo, sintiéndome un completo tonto.

De besos y divisiones

El mundo se divide en dos tipos de personas. Aquellas que besan, se alejan y retoman la compostura. Y aquellas que olvidan al instante que existe algo más, y remontan en un torbellino de sensaciones buscando valerosos e inconscientes el segundo ataque, para tomarte de la mano y llevarte con ellos a dónde sea que el viento los navegue.  Qué lindos son los segundos.

Desnuda

Desnuda, así, sin más. No porque mi corazón enloquezca, ni porque mi piel se hunda en ese remolino de fuego que la lluvia no calma. Desnuda, así, sin más. No porque mi mente anhele satisfacer la eterna curiosidad de qué escondes detrás de tu respiración ansiosa, ni porque me quite el sueño imaginar lo que tus faldas astutas no dejan ver. Desnuda, así, sin más. No porque sea un acto total de rendición, ni porque sea una imbécil prueba de algo. Desnuda, así, así más. Porque desnuda hacés mía tu fragilidad, tus miedos,  tus inseguridades.  Desnuda ya no podés ser nadie más que lo que tus ojos dicen. Desnuda brilla tu alma por sobre tu piel.  Desnuda, así, sin más. 

La noche de las zanahorias tristes

Hace no mucho llegó a mis manos el recorte de un viejo periódico. El mismo hubiera pasado desapercibido de no ser por el peculiar titular en primera plana. Reproduzco a continuación el mismo tratando de ser lo más fiel posible al original. Reproducción fiel del original Luego de leerlo, tuve una extraña sensación, mezcla de curiosidad y familiaridad. No tuve más opción que viajar a la región dónde se encontraban dichos campos. Para mi sorpresa el viaje fue bastante corto, ya que se encontraban inmediatamente al lado del río que separa el pueblo del campo. Me senté al costado del camino y esperé que la noche caiga, como caen tantas otras cosas -El recuerdo de aquella noche no me permite pensar una comparación más poética-. - Sniff. Escuché  de repente en la oscuridad. - Sniff. Otra vez. Me incorporé y me acerqué subrepticiamente hacia la zona del campo de donde provenía el sonido. Más me acercaba, más surreal parecía aquella figura parada bajo la luz de l...