Bitácora del capitán, día 4: Tal como dijeron las tortugas, la burbuja se encontraba allí. Flotaba en el aire sobre el mar, unos centímetros más allá de donde llegaba el acantilado. Suficientemente cerca como para pensar que podía agarrarla, y suficientemente lejos como para no poder hacerlo. Ella nunca dejó de luchar por escaparse de allí, y tanto hacerlo se quedó dormida. No importó cuantas veces le gritamos, ella no despertaba. No tenía un plan, ni tampoco tiempo para idear uno. De todas las malas ideas que cruzaron por mi cabeza tomé la peor: saltar. Eso, simplemente saltar, sin saber si llegaría, sin saber cómo haríamos para sobrevivir la caída, sin siquiera idea de qué había al final de la caída. Una pésima idea, ejecutada de manera impecable. Llegué a tocar tu burbuja, pero no pude atravesarla y mi destino hubiera sido otro, si tu mano no hubiera tomado la mía. Rompiendo la burbuja. En ese instante la magia de la burbuja nos envolvió y comenzamos a caer. Ya no estábamos en...