-Todavía no entiendo porqué los perseguís. -Y yo aún no entiendo porqué me acompañás. Ella infló sus cachetes de aire y miró para otro lado, cómo hacía siempre que algo le molestaba. No era la primera vez que preguntaba, y no era la primera vez que él esquivaba su pregunta. El silencio se prolongó unos momentos mientras ella movía con sus pies una pequeña rama que se encontraba cerca del tronco dónde estaban sentados. Ella tampoco respondía nunca su pregunta. La luna llena se recortaba imponente en el cielo, e iluminaba todo a su alcance. Incluso era difícil llegar a ver las estrellas. Un gran silencio flotaba en el aire. No había ni siquiera una leve brisa que lo perturbara. -Es una gran noche para cazarlos. Dijo ella. El simplemente asintió con su silencio y su vista perdida en el horizonte. Era la única parte que ella detestaba de sus días. Los instantes previos a una cacería. Él se ponía distante, se perdía en su propio mundo. Nunca la miraba a los ojos en esos momentos. ...