Lad tenía un hábito extraño. Muy extraño... Solía acercarse a doncellas que cruzaba por la calle, y les hacía preguntas cuyas respuestas no necesitaba saber, o que él ya sabía. Pero lo hacía de una forma muy particular. Se les acercaba y llamaba su atención dirigéndose a ellas con un -Disculpame... o a veces cuando se sentía viejo decía -Señorita, la molesto un segundo... Lo que realmente era curioso es que no hacía la pregunta de inmediato, como la mayoría de las personas, sino que esperaba algunos instantes, y luego finalmente la formulaba. Generalmente y a pesar del breve momento de silencio, las doncellas respondían amablemente su pregunta y seguían camino. Sin embargo Lad casi nunca escuchaba la respuesta, no era eso lo que buscaba.