Juan caminó firmemente hasta la figura extraña del horizonte. A medida que se acercaba la extraña figura iba mutando en una bella mujer. La más bella de todas si le preguntaban a él. Era Nina. Juan jamás se había animado a decírselo, pero por las noches sus ojos invadian sus sueños. El nunca los dejaba irse hasta que llegaba el amanecer, los perseguía a través de llanuras infinitas, montañas de fuego y océanos furiosos pero nunca los podía alcanzar. -Juan! lo llamó ella. Estás aquí! -Nina! estás bien? -Claro que si, ahora que estás aquí sí. Juan fue sorprendido por sus palabras, ella nunca hablaba tan abiertamente de sus sentimientos, pero ese lugar era extraño, ella no se avergonzaba de sus sentimientos, ni de expresarlos. -Me duele verte! replicó Juan. -Qué? -El pecho me oprime, mi cabeza da vueltas, no sé si es de día o es de noche. (A continuación el narrador omite el resto de las expresiones utilizadas debido a lo poco que aportan a la idea central del relato). El simplemen...