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Teoría del porqué no existe el amor

Teniendo en cuenta la generalidad, podríamos decir que el amor es una sensación y, redundantemente, sentimiento de querer estar con alguien, de creer que esas personas están “destinadas a estar juntas”, de querer despertar a su lado, de que no existe otra cosa importante en el mundo… bla bla bla….
También sabemos que la relación corpo-hormonal que permite la liberación de oxitocina, nos hace creer... perdón, “sentir” que existe un vínculo emocional con la otra persona, y si la cantidad (y calidad) sexual es significativa, esta hormona hace sentir... perdón nuevamente, “creer” a nuestro estúpido cerebro que la persona que está con nosotros es lo mejor que nos pudo pasar.
Sin embargo, "amar" es un escueto proceso psicológico que el humano no puede controlar porque está orientado netamente a la reproducción biológica básica. Pensamos que buscamos y nos volvemos próximos a personas que simplemente causan temporalmente una armonía cerebral que nuestro instinto de supervivencia considera es la persona con la que “necesitamos estar”.
Así como algunos creen que el hombre ha inventado a Dios para sentirse mejor, es totalmente posible que el hombre haya creado la idea, el concepto y la sensación del amor sencillamente para “sentirse mejor”. 
Es decir, que según esta hipótesis, el invento del amor puede tener lugar sea en complemento o en subsidio del fracaso de -la idea de- Dios, y en caso que aquellos idiotas creyentes en seres divinos, superiores, creadores, cuidadores, interventores, misericordiosos y demás, dejen de creer en él, puedan tornar en nuevos idiotas creyentes en el amor (o en otros tantos inventos) como fuente de la felicidad.
Creer en algo que para algunos no puede ser probado, o creer en un mero sentimiento sobrevaluado, en una simple reacción química sustentable con una simple aspirina que genere la ebullición química suficiente para sentir, pensar y para muchos creer en algo que llamaremos amor.
Para Feuerbach y para nuestros amigos de la moda del ateísmo (bien digo, pues desde el siglo XIX está de moda ser ateo, desde el siglo XX  es moda que guste el jazz y la buena lectura, y desde el siglo XXI usar chupin - lógicamente porque da la clase que tiene el aristócrata erudito), la esencia del invento de la religión está en que Dios satisface y realiza los deseos humanos de felicidad, perfección e inmortalidad. Si privamos de Dios al hombre le destrozamos su tonto corazón, por ello la existencia de Dios satisface a la imaginación y los deseos de felicidad. Naturalmente, el cristianismo y toda religión, se propone alcanzar deseos humanos inalcanzables, con consecuencias despreciables: por ejemplo confiar en Dios le quita al hombre su confianza en su propia fuerza, la fe en la vida futura destruye su potencial mejor vida en la tierra, la conciencia sobre el bien y el mal limita su vida en cuanto al goce pleno de sus sensaciones. Al menos estas premisas son las que tiñen las reducidas mentes ateizadas por la moda científica de lo que se puede probar.
Ahora bien, ¿el amor se puede probar? o ¿nos convencemos que es tan real que no necesita prueba?
El amor funciona como síndrome del miembro fantasma pero aplicado al corazón, un simple órgano que impulsa, distribuye y filtra una sustancia esencial para el funcionamiento del cuerpo.
La percepción amorosa, es parte del esquema corporal mental tan efímero y relativo que se mantiene mientras químicamente existan las respuestas y estímulos biológico-sexuales, los cuales pueden ciertamente mutar hacia otro individuo con la estimulación precisa; “la chispa adecuada del amor”. Allí es cuando la cultura, la razón, el juicio, frenan el impulso e inventan la amor como centro inhibitorio de reacciones adversas a la vida monogámica. 
Al no existir absolutamente nada fuera ni dentro de uno mismo en cuanto limitación para no responder positivamente a esta nueva experiencia de “amor”, se comprueba claramente que el amor no existe, y por el contrario lo que llamamos amor es simple decisión de coartar sentimientos de “amor” y querer estar sólo con una determinada persona por cuestiones totalmente ajenas a la biología, a la genética, a la sensación, a cualquier razón y al mismo “amor”. En realidad es una simple decisión, tales como creer en Dios, ser ateo, gustar el jazz, gustar la lectura elevada, usar chupin o ser un hipster.
¿Y por qué entonces esa reacción de exclusividad que coarta el instinto sensual?
Una posible respuesta podría derivar de una cuestión cultural narcisista-autovalorativa que entiende que ese tipo de comportamiento está por encima del comportamiento contrario y por ende se “es” superior al nivel medio, si se toma la decisión restrictiva del propio “amor” (entendido aquí como sentimiento) que con tanto ahínco se defiende. Sumado esto a un esquema ya creado y consolidado de acostumbramiento corporal mental que se hace persistente incluso luego de perder su correlato real. 
Este esquema es adquirido por la humanidad a través del tiempo por quienes en pos de la superación humana intentan transmitirlo de generación en generación (como se ha hecho con la religión y la fe en divinidades). Luego, la frecuencia de esta alteración en la percepción y respuesta al instinto va haciéndose menor y menor; y aún con la edad otras premisas saltan a la luz (seguridad, estabilidad, compasión, comodidad, compañía, etc.) sugiriendo que la experiencia del amor, va desapareciendo conforme transcurre el tiempo material de vida de una persona. Todo ello sin tener en cuenta que cuando mayor es la acumulación material de bienes menor es la inclinación hacia el “verdadero amor” y más hacia la “ingénita conveniencia”.
Como colofón del breve análisis anterior, se concluye que:
Si bien resulta contradictorio, al defender la idea de amor, el “amador” enamorado, en un momento debe dejar de amar para empezar a coartarse… comportamiento llamado “paradoja del romántico”. Llega el momento en que si el amor se consolida como ideal al que todo enamorado aspira, el individuo necesariamente debe “desamar”, no sentir y no creer en ese sentimiento. Lo contrario hará que toda la construcción artificial fundada en la mentira del amor, se derrumbe catastróficamente.

Sin embargo, como toda construcción humana tiene una finalidad, y si Dios es invento para solventar los problemas de los pobres, los ilusos, los desilusionados, los abatidos y los ignorantes, el amor en cuanto invento también será necesario para cubrir todas estas falencias de la materialidad de adinerados, idealistas, progresistas, emprendedores y cultos. O quizá simplemente tanto Dios como el amor, sean elecciones de cualquier individuo para dar  solución a cualquiera sus falencias.

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